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El fin de semana lo pasé en casa durmiendo, leyendo o escribiendo. En silencio. Y es que había olvidado ya el placer del silencio, de poder oir tus propios pensamientos, tus latidos. Pararte y observar el tiempo. Cerrar los ojos y dormir un sueño profundo, blanco..
No solo eché de menos el silencio, sino muchas otras cosas, me doy cuenta cada día más. Y también echo de menos cosas de allí..
Muchas cosas pequeñas, como el olor de las frutas maduras o los colores vistosos. Aquí todo es oscuro, gris, marrón, negro..
El orden. Los semáforos, el transporte público, las reglas y los horarios. Todo sigue una pauta y sabes qué puedes esperar de cada cosa y cada situación..
El frío. Envolverme en mi larguísima bufanda de lana blanca, enrollada varias veces alrededor del cuello y mi nariz calentita debajo. El gorro tapándome las orejas, y las manos en los bolsillos, un caramelo en uno y las llaves de casa en el otro. Qué gusto pasear por las calles ahí debajo, como una tortuga en su caparazón, protegida y sin ser reconocida..
Y al pasear por las calles nadie si fija en mí. Nadie viene a pedirme cosas o a contarme alguna historia, ni siquiera nadie me mira. El placer del anonimato, de pasar horas sin cruzar palabra con nadie. Casi invisible..
La música. El baile. Lo público y lo privado. Sabes dónde encontrar ésto o aquéllo, dónde comprar, dónde tomar una copa o dónde bailar..
En el Congo puedes hacer de todo en cualquier parte, de cualquier manera y a cualquier hora. Para bien o para mal..
Esperemos que todo vaya bien.
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(leído en Algo cambió).
Por eso cuando algo cuesta más de 1000 o 2000 francos lo habitual es pagar con dólares. En Kinshasa los aceptan en todas partes sin problema, desde la tienda más refinada hasta el limpiabotas callejero..
El problema surge cuando vas a pueblos o sitios poco cosmopolitas donde no hay bancos (o nada que se les parezca) y poca gente ha visto los billetes de 500 francos. Si solamente tienes que pagar la comida y alojamiento durante tu estancia los francos te ocuparán solamente una parte de la mochila, pero si trabajas en una ONG y tienes que ir a iniciar algún proyecto de desarrollo en el terreno, pues la pasta te puede ocupar varias maletas..
Recuerdo que un día Sarah contaba que tuvo que ir con 35000 dólares en metálico a un pueblo llamado Kasongo para organizar una feria de semillas (la gente que vive en zonas apartadas necesita semillas para cultivar la tierra, así que su ONG organiza estas ferias/mercado en la que la gente de la zona puede comprar o intercambiar semillas). Pues resulta que el dinero en cuestión en francos pesaba nada más ni nada menos que 250 kilos! Tuvieron que meterlo en varias bolsas como la de la foto y disimular para que nadie se diera cuenta de que llevaban tando dinero encima. Y cargarlo en la parte trasera de una motocicleta para ir de un pueblo a otro. Casi nada..
Hasta ahora no he visto ninguna película congoleña, pero ya me imagino una escena de soborno entre dos mafiosetes locales en la que en lugar de intercambiar los típicos maletines de ejecutivo repletos de dólares que solemos ver en las películas, uno le entrega al otro una carreta cargada de bolsas de plástico llenas de malolientes francos. Genial.
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(refrán popular).
Las primeras reuniones fueron más o menos bien, aunque siempre había muchas discrepancias entres los miembros de las ONGs y los del ministerio, normalmente por temas de responsabilidades financieras, así que a mí siempre me tocaba tranquilizarlos y poner orden en el patio..
En la última reunión entregamos el dinero que habíamos reservado para las actividades al representante del ministerio, ya que fueron ellos los que nos habían presentado el proyecto y el presuspuesto detallado desde un principio. Al resto de participantes no les hizo ninguna gracia que el dinero no se repartiera entre todos, pero decidieron esperar para ver qué pasaba..
Finalmente las actividades en cuestión fueron organizadas deprisa y corriendo, de cualquier manera. Y aparecieron gastos inesperados, y otros gastos que estaban previstos no se veían por ningún lado, y en definitiva nadie quedó contento..
Así que unos días más tarde tuvimos una reunión de evaluación. Todos acusaron al representante del ministerio de haber gestionado mal los fondos y de haberse quedado con parte del dinero. Probablemente era cierto, pero lo que realmente molestó a los demás presentes no es que el dinero destinado a las actividades acabara en los bolsillos del señor del ministerio, sino que los bolsillos de ellos no recibieran también una parte. La corrupción está tan extendida en el Congo que es imposible ver dónde empieza y dónde acaba; es como tirar de un hilo, tirar, tirar, tirar, para acabar llegando al mismo punto desde dónde empezaste a tirar..
En fin, los señores en cuestión empezaron a gritarse unos a otros durante más de una hora, todos ofendidos por el trato recibido y por los insultos de los demás, en un griterío desordenado que se oía en todo el edificio..
Pero nadie les hizo caso.
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Su plan original era hacer todo el recorrido a pie, y así cruzó andando toda Francia hasta llegar a Santander. Pero una vez allí, entre que Bush fue reelegido y llovía a cántaros todo el día, tomó la sabia decisión de empezar a coger trenes, autobuses y demás medios de transporte motorizados..
Al llegar a Ghana se le acabó el dinero, así que se puso a trabajar para una ONG que, mira por donde, se dedica al desarrollo agrónomo. Allí se lo pasó pipa y aprendió un montón sobre abonos y fertilizantes, pero su objetivo de llegar hasta Ciudad del Cabo aún estaba por cumplir, así que decidió reemprender el viaje y volver unos meses más tarde a Accra para continuar su trabajo allí..
Y así, a medio camino entre Ghana y Suráfrica, me la encontré yo gracias al Hospitality Club. Hacía tiempo que os lo quería recomendar: se trata de una base de datos de gente de todo el mundo que está dispuesta a ofrecer alojamiento de algún tipo a los viajeros que pasen por su ciudad, o en su defecto consejos y recomendaciones, o incluso tomar unas copas. Yo lo utilicé solamente una vez cuando fui a Budapest y la experiencia fue buenísima ya que la chica que me alojó era un sol. Y en mi casa se han quedado ya unas cuantas personas, de momento todas encantadoras y sin problemas..
Por cierto, la chica se llama Meg, es diseñadora de páginas web y dibuja increíblemente bien.
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El otro día, con motivo de la Jornada Internacional del Voluntariado, fuimos al barrio de Kabinda a visitar una pequeña residencia de ancianos destartalada en la que viven 11 personas. En otro tiempo había formado parte de un centro médico bastante grande que disponía de una clínica, un orfanato y la residencia en cuestión. Pero los años y el abandono por parte del Estado han ido deteriorando el lugar hasta tal punto que la mayor parte se encuentra casi en estado ruinoso y sólamente una pequeña parte sigue funcionando para los ancianos. Sin ningún tipo de ayuda o de financiación por parte de nadie, viven exclusivamente de la caridad de los espóntaneos que por allí pasan..
La mayoría de ancianos que viven allí no son tan mayores, sino que rondan los 50 años o como máximo los 60. Pero a pesar de eso encuentran en muy mala situación de salud, enfermos, desnutridos y olvidados por todo el mundo. Al vernos se pusieron tan contentos que algunos que no pueden casi caminar por culpa de la artrosis y demás dolencias se movieron de su rincón por primera vez en mucho tiempo..
La mujer de la foto, muy sonriente y emocionada, me explicó que ella se crió allí en el orfanato que había antes, ya que sus padres la abandonaron al nacer. Su voz y la manera como nos miró me hizo entender que en todos los años que ha pasado allí ha tenido poquísimas visitas.
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Al final decidimos dar un Premio Especial del Jurado a uno foto que a todos nos gustó mucho (la tenéis aquí arriba) de una niñita preciosa que mira hacia arriba maravillada por ese blanco tan alto que le sonríe fascinado por sus ojazos negros y del que sólo se ven los pies. El autor de la foto se llama Hunter Fraser y, detalle cotilla, fue mi compañero de piso hasta mi última mudanza hace un par de semanas..
La foto fue tomada en un Centro de Orientación, un sitio que forma parte del programa nacional de desarme, desmobilización y reintegración de los ex-combatientes (normalmente abreviado como DDR). Se trata de un programa que intenta reintegrar en la sociedad a todos los que se han pasado años en lucha armada y no saben hacer otra cosa, y así evitar que continúen terrorizando la población o incluso que vuelvan a tomar las armas. Se trata pues de uno de los programas más importante para el proceso de paz en la República Democrática del Congo, y en el que la comunidad internacional ha invertido más dinero..
Por cierto, en la sección Fotoblog podéis admirar también el primer, segundo y tercer premio del concurso. Espero vuestros comentarios sobre la selección.