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31 12 2006
 
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"Not even knowing what I want, not even knowing what I myself want, is where the loneliness begins." - John Berger (To the wedding)

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"Ni siquiera saber qué quiero, ni siquiera saber qué quiero para mí mismo, es donde empieza la soledad." - John Berger (Hacia la boda)

dudas

30 12 2006
 
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Último día de un año muy especial, son las tantas de la madrugada y me encuentro casualmente en uno de los pisos en los que viví en mi época de estudiante en Barcelona. Es inevitable hacer balance de este 2006 tan extraño.

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¿Continuar con el blog sí o no? Empezó como una manera de compartir fotos y anécdotas sobre el Congo, y ahora que ya no estoy allí me pregunto qué sentido darle, qué rumbo. No sé de qué voy a hablar, ni de si va a interesar a la gente que se interesaba por las historias africanas. Pero escribir se ha convertido en una adicción.

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Podría hablar de, por ejemplo, el azar y las coincidencias, de cómo todo y todos estamos interconectados de alguna manera. El primer día que salí por Barcelona después de volver del Congo fui al cine Verdi con un bloguero al que admiro y leo desde hace tiempo pero al que no conocía. Hacía muchísimo tiempo que no había ido a ese cine (unos dos años, creo), y me trajo muchos recuerdos de mi época de estudiante en Barcelona. Fuimos a ver una película bosnia, ambientada en Sarajevo, que a su vez me trajo muchos recuerdos de mi época de estudiante en ésa ciudad.

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A la salida del cine mi acompañante saludó a una chica, que resultó ser una compañera de clase mía de la universidad a la que no había visto desde que acabé la carrera hace ya varios años: alguien a quién acababa de conocer conocía a alguien que yo conocí hace más de diez años. Aunque esto no es lo que más me fascinó de ese encuentro: mientras mi acompañante intercambiaba saludos con mi antigua compañera de clase yo miraba el cartel de un documental que se proyectaba en otra sala dirigido y protagonizado por un antiguo profesor nuestro, y entonces, en ese preciso instante, el director-protagonista en cuestión pasó junto a nosotros con su hermano, el cual a su vez también co-protagonizaba la película. No sólo una coincidencia de ésas que me encantan, sinó metalenguaje en estado puro.

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O podría hablar de rumbos, ya que me pregunto cuál debo tomar desde este cruce de caminos. Sólo sé que no sé nada. Y una de las cosas que he aprendido este año es que cuánto más tiempo pasas fuera de casa más difícil es definir dónde te encuentras. Qué es el aquí y qué es el allí. Te sientes cómoda y a gusto en tu país de adpoción, pero nunca puedes llegar a sentirte completamente en casa. Y cuando vuelves a tu país de orígen, a tu patria, tampoco acabas de sentirte del todo en tu casa, ya no, porque has perdido tus puntos de referencia, tus raíces. Así que cuánto más tiempo pasa más extranjero te vuelves en tu país o en cualquier otro. Dicen que si viajas mucho acabas por sentirte ciudadano del mundo. Yo he llegado a la conclusión de que si vives en muchos países acabas por sentirte extranjero del mundo.

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Barcelona es una ciudad que siempre me ha encantado. Empecé a vivir en ella hace más de 10 años y cada vez que vuelvo, cuando llego a la estación de tren de Passeig de Gràcia se me corta la respiración al salir a la calle, la gente, los coches, los árboles y las farolas. Al ver la casa Batlló, y la cálida luz de Barcelona. Se me corta la respiración y siento que estoy donde debo estar, siento que de alguna forma todo encaja. Cada vez es un profundo suspiro de añoranza contenida y de emociones olvidadas volviendo a correr por mis venas. Y cada vez es como si fuera la primera, y la intensidad siempre es la misma y siempre me sorprende. Pero estos días, por primera vez, me he sentido extranjera en Barcelona (y no sólo por la alarmante profusión de Starbucks que he observado, 18 en Barcelona para ser exactos). Aunque en realidad esta vez no me ha sorprendido: soy yo la que ha cambiado. Tenía que pasar tarde o temprano.

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Está a punto de empezar un nuevo año y de abrirse nuevos horizontes. No tengo ni idea de cuáles, pero me gusta la sensación.
dudas
entrada al cine Verdi de Barcelona

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23 12 2006
 
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En caso de duda, ama.
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Visto en en Gapingvoid, del dibujante Hugh MacLeod.

vuelve Navidad y vuelve la pregunta

23 12 2006
 
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Hace sólo una semana que volví de Congo pero, después de la euforia inicial, ya estoy agotada por el merchandising navideño y el consumismo desaforado de estos días. Prefiero no salir de casa.

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De entre todas la felicitaciones navideñas que me han llegado al buzón estos días, ha habido una que expresa exactamente lo que siento en este momento. Y quiero pensar que preguntas como ésta son las que importan estos días, y que todos pensamos en ellas, a pesar de que en algunos momentos no lo parezca.

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Se trata de unos versos que pertenecen al libro Per preservar la veu (Para preservar la voz) del gran poeta Miquel Martí i Pol, que reproduzco a continuación (la traducción castellana es literal, hecha por mi):

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L'arbre desvetlla sons i el vent escriu

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ratlles de llum damunt la pell de l'aigua.

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Tot és misteri i claredat extrema.

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Torna Nadal i torna la pregunta.

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¿Proclamarem la pau amb les paraules

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mentre amb el gest afavorim la guerra?

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El árbol desvela sonidos y el viento escribe

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rayas de luz sobre la piel del agua.

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Todo es misterio y claridad extrema.

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Vuelve Navidad y vuelve la pregunta.

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¿Proclamaremos la paz con las palabras

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mientras con el gesto favoreceremos la guerra?
Feliz Navidad. En caso de duda, ama.
vuelve Navidad y vuelve la pregunta

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20 12 2006
 
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Llevo conmigo las heridas de todas las batallas que evité.
-Fernando Pessoa

últimas impresiones

14 12 2006
 
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Me voy. Me fui. Aunque no me lo acabe de creer, hace ya un par de horas que he llegado a mi casa. Un auténtico bajón, como una frenada en seco.

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Después de casi 24 horas de viaje, entre retrasos y pérdida de conexión en París, llego exhausta física y mentalmente. En el avión vi la última película de Woody Allen, Scoop, a pesar de que se me cerraban los ojos. Sentada entre un señor muy gordo de mediana edad que se durmió encima de su maletín de ejecutivo, y uno joven con una gorra de cuero, dos ejemplos distintos pero igualmente típicos de congoleños ricos. Tal como dije alguna vez, el cine es una de las cosas que más he echado de menos durante este año y medio en Congo. Entre muchas otras cosas.

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Mis últimos días en Bukavu fueron ajetreados y emotivos. Cuando se enteraron de que dejaba el país, varias personas se presentaron en mi oficina e incluso en mi casa a pedirme ayuda (económica) antes de que me marchara, desesperados. El jardinero y la asistenta se quedaron sin trabajo, y con ellos toda su familia se quedó sin ingresos. Pero ellos al menos tuvieron un trabajo durante un tiempo.

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Mis últimos días en Kinshasa, en el Congo, fueron aún más emotivos. Quizás porque allí pasé un año, y fue el primer lugar de África que conocí. O porque Kinshasa es la encarnación de todo lo peor y lo mejor que viví en Congo. Fueron días raros, demasiado cargados de emociones contradictorias y de altibajos emocionales, de una intensidad casi dolorosa.

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En Kinshasa caminé mucho y sudé muchísimo, hacía un calor infernal. Los dos últimos día pasé horas en el mercado de artesanía comprando tapices bakuba, y en la fábrica Utex comprando telas de colores. Y llovía sin parar (creo que desde octubre ha llovido absolutamente cada día en este país).

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Un día pasé media hora esperando transporte en medio del Boulevard 30 Juin y varios vendedores ambulantes y chicos de la calle harapientos vinieron a hablarme, yo estaba pendiente del tráfico y recuerdo haber pensado que sería la última vez que me llamarían mundele (o muzungu), extranjera. Justo ante había ido a despedirme de la incomparable hermana Roser en la clínica para minúsvalidos donde trabaja, y se puso muy contenta. Esa misma noche fui a una cena de despedida con amigos al pijísimo círculo deportivo (que tiene campo de golf y todo).

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Es difícil resumir en unos pocos párrafos mis impresiones de este país tan absurdo y tan extremo, escribir un epílogo para un libro que sólo logré vagamente esbozar. Sin embargo aquí va una pequeña lista de algunas de las cosas que ya desde ahora sé que voy a echar de menos del Congo:

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-El lago Kivu: jamás he visto un lago igual, en los 8 meses que pasé en Bukavu lo vi a diario, por la ventana de mi cuarto al despertarme, y no me cansé nunca de verlo.

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-La intensidad de los colores, por todas partes, en las ropas de las mujeres, en las frutas del mercado, en el paisaje, en las puestas de sol.

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-El calor (cada vez me gusta menos el frío).

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-Las exclamaciones y ruidos que hace la gente al conversar, imposibles de reproducir. Por ejemplo, la exclamación de incredulidad o sorpresa que indefectiblemente hacen al oír algo inaudito.

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-Las conversaciones y las situaciones surrealistas (lógica congoleña son términos contraditorios).

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-La paciencia de la gente ante la adversidad, o el estoicismo, o el optimismo. No sé muy bien qué es, pero hay algo genuinamente positivo en los congoleños. Incluso en las peores situaciones siempre piensan que todo acabará saliendo bien, y trampean como pueden el mal tiempo. Seguramente ellos lo llamarían Dios, pero pienso que hay otra cosa más terrenal, incluso visceral, que les hace confiar en el futuro. O quizás se trate simplemente de un error de cálculo, de falta de realismo, o como decía Kapuscinski, de la certidumbre de que el tiempo les pertenece.

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-El espíritu de hierro de las mujeres congoleñas, que lo han vivido y sufrido todo, y siguen aguantando con una fuerza interior sin igual. Sin ellas el país se habría ido al desguace hace tiempo.

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-La imprevisibilidad, la seguridad de que cualquier cosa puede pasar cualquier día, de imprevisto.

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-El hecho de que todo sea negociable y todo sea conseguible: la flexibilidad de las reglas y la maleabilidad de los deseos. Con unos pocos francos, cualquier regla puede doblarse y cualquier muro puede derribarse; también con unos pocos francos, puedes conseguir lo que desees en cualquier momento, y por incongruente e improbable que parezca, alguien te lo traerá .

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-La cercanía con la gente y la facilidad de conocer a extraños.

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-El río Congo, y las montañas del este del país, y los bosques infinitos, y los animales... es decir, la naturaleza immensa, tantas cosas por explorar en este vasto territorio.

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-Los viajes en helicóptero, o en 4x4 por caminos intransitables para llegar a aldeas remotas donde la gente raramente recibe visitantes.

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-Disfrutar de la vida sencilla, por la falta de actividades y a menudo de electricidad: trabajar, leer y conversar con los amigos; cocinar o mirar el paisaje desde la terraza, escribir.

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-Que, tal como decía Sánchez Piñol en Pandora en el Congo, el Congo sea mucho más que un lugar, casi una metáfora de la esencia misma de la humanidad.

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(continuará...)
últimas impresiones
foto del río Congo visto desde el cielo, rodeado de jungla

último viaje: Goma

04 12 2006
 
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Antes de marcharme de Bukavu decidí pasar un día de paseo en Goma, ciudad que se encuentra en el extremo norte del lago Kivu. Así que ayer tomé uno de los tres barcos rápidos que conectan las dos ciudades y pasé un día de lo más agradable en esta peculiar ciudad reconstruida sobre la lava del volcán Nyragongo que la sepultó en cenizas en 2002 destruyendo el 40% de la población.

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El espectacular trayecto por el lago Kivu duró 3 horas que pasé tumbada sobre la cubierta del barco disfrutando de un raro día soleado en esta estación de lluvias permanentes (espero llegar a España morena para así cumplir las expectativas del tópico que dice que si una trabaja en África tiene que estar bronceada).

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Mi plan original era caminar hasta la cima del volcán, uno de los únicos 3 en el mundo que está activo y que tiene un lago de lava permanente. Según parece la excursión hasta la cima (4 horas de ascensión y otras 3 o 4 de descenso) vale la pena por poder ver de cerca la lava roja humeante en su centro, y también por el paisaje de la zona, donde se encuentran varios volcanes más.

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De hecho la foto de arriba fue tomada el lunes de la semana pasado cuando uno de los volcanes adyacientes al Nyragongo (que es el principal), hizo erupción. Leí en un artículo que este volcán, llamado Nyamulagira, erupciona más o menos una vez al año sin causar grandes daños ya que normalmente la lava cae hacia el parque de la Virunga y no sobre la población. Pero a mi, por si acaso, me dio un poco de reparo subir al volcán esta vez. No sé, quizás en otra ocasión, si algún día vuelvo a Congo.

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En todo caso, si alguno de vosotros se anima a visitar la República Democrática del Congo, cuando la situación se haya estabilizado y las cosas hayan mejorado, no puede dejar de visitar estas dos ciudadas, Bukavu y Goma.

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Nota: para más información sobre el volcán principal de Goma, el Nyragongo, os recomiendo este post de Kim, que además contiene un par de enlaces muy buenos a fotos de la erupción del 2002 de la web BBC, y del viaje que hizo el mismo Kim hasta la cima del volcán.
último viaje: Goma
volcán Nyamulagira, cerca de Goma, en erupción el día 27 de noviembre (foto de autor desconocido, difundida por email por un colega de Goma)

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