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"Lo que la gente dice, lo que la gente hace, y lo que la gente dice que hace son cosas completamente diferentes"..
(Margaret Mead citada en Corporate Knights).
El 16 de Junio de 1976 miles de estudiantes desfilaron por las calles de Soweto (África del Sur) para protestar contra la calidad inferior de su educación en relación a la de los blancos, y pedir ser educados en su lengua en lugar del Afrikaans que se les había impuesto. La marcha fue brutalmente reprimida por la policía, que empezó a disparar contra los manifestantes (en su mayoría niños) y mataron a 23, según fuentes oficiales, aunque los participantes afirman que fueron muchos más. En todo caso, lo que está claro es que durante los disturbios que durante dos semanas siguieron a la manifestación de Soweto del 16 de Junio más de 200 personas murieron a manos de la policía..
Hoy en día no hay apartheid en África del Sur, pero la situación de los niños en África deja mucho que desear. No sólamente son los más vulnerables a las enfermedades mortales como la malaria (que tiene una tasa de mortalidad infantil muy elevada), o a la malnutrición, sino que también son los más desprotegidos en situaciones de guerra y son utilizados y manipulados con manga ancha. Muchos ejércitos rebeldes o milicias reclutan a niños soldado para la lucha armada. El primer detenido por la Corte Penal Internacional de La Haya fue precisamente el líder de una de las milicias que operan en el este de la República Democrática del Congo, Thomas Lubanga (que será juzgado en septiembre), por reclutar a niños en su ejército..
En la República Democrática del Congo además de todos los abusos anteriores que sufren los niños (los cuales representan más de la mitad de la población del país), hay que añadir el fenómeno de los niños acusados de brujería. Estos niños son torturados salvajemente en supuestos exorcismos para librarlos del mal, muchos de los cuales acaban en la muerte. O les dejan secuelas de por vida, como la gran cicatriz que cubre la cabeza de la niña de la foto, la cual se salvó gracias a unas monjas que la acogieron en su orfanato..
En realidad todos los días son el Día del Niño Africano. Pero a diferencia del 16 de Junio de cada año en que cantan y bailan y reciben miles de promesas que raramente se cumplen a pesar de las buenas intenciones, el resto del año simplemente sufren en silencio.
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Hay sobretodo fotos de armas o de militares como la de arriba, ya sean del ejército regular congoleño (FARDC), o de milicias, o cascos azules de la ONU; o bien fotos de las distintas crisis humanitarias que sufre este país (como ésta, que me gusta mucho); o de escenas quotidianas; o, como cualquier fotógrafo que se precie, algunas en blanco y negro en plan artístico (como ésta).
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Muchos de estos periodistas independientes que se pasean por África en realidad no consiguen trabajo para ningún medio porque les falta talento. No es el caso de Pep Bonet, basta con visitar las galerías de fotos de su página web (de donde está sacada la foto de arriba) para darse cuenta. Echadle una ojeada.
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Pero bueno. Aquí estoy de nuevo y espero poder seguir escribiendo a menudo porque las Elecciones (en mayúsculas, porque serán las primeras de la historia de este país, si no contamos las pequeñitas de 1960) llegan en menos de dos meses..
Cuando llegué a Bukavu la estación de lluvias aún se hacía notar con desagradable recurrencia, con chaparrones diarios que convertían toda la ciudad en un enorme barrizal. Por suerte enseguida encontré una casa a escasamente 500 metros de mi oficina. Lo malo de la proximidad es que siempre me tocaba ir a pie al trabajo, con lo que cada día la ropa limpia me duraba 30 segundos y cada mañana llegaba a la oficina con los bajos del pantalón y los zapatos cubiertos de barro. El marrón nunca ha sido mi color favorito..
Un día tuve que ir a Bunyakiri, un pueblo a unos 160km de Bukavu, y la "carretera" (mejor dicho, sucesión de baches) estaba tan llena de barro que tardamos más de 4 horas en llegar. Por el camino nos cruzamos con varios camiones de mercancías embarrancados, con todos los pasajeros empujando para intentar proseguir el camino (que a ellos les debió durar por lo menos 3 veces más que a nosotros...)..
Pero hace unos pocos días la estación de lluvias acabó y con ella los engorrosos barrizales. Gracias a Dios, me dije yo aliviada pensando en lo agradable que iba a ser pasear por las calles de Bukavu. Inocente de mí, no sabía que el polvo se convertiría en algo tanto o más engorroso que el barro, formando enormes nubes que te hacen imposible ir a pie a ningún sitio sin asfixiarse..
Pues ahora espero impaciente que vuelva a llegar la estación de lluvias dentre de unos meses, y supongo que entonces esperaré impaciente a la estación seca, y así sucesivamente. Y es que nunca llueve al gusto de todos (nunca mejor dicho).