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Ayer tuve la ocasión de conocerlo durante la visita que hizo a un pueblo llamado Luhago, a unos 85 km al oeste de Bukavu. Este pueblo se encuentra en medio de las montañas en una zona llamada Nindja que es conocida por ser un nido de combatientes hutu-ruandeses que tienen aterrorizada a la población desde hace 8 años..
A causa de la geografía del lugar, y de la proximidad del Parque Nacional de Kahuzi-Biega que es una enorme jungla, es muy difícil defenderse de estos grupos armados que poblan la región, y mucho menos deshacerse de ellos. Por esta razón la población se desplaza frecuentemente para evitar los ataques, y pues en Luhago hay varios campos de desplazados. Y uno de ellos fue a visitarlo Jan Egeland, seguido del centro de salud local. La foto de arriba, concretamente, fue tomada en uno el campo en cuestión, donde se paró a hablar con una mujer desplazada viuda (a la izquierda) cuyo marido fue asesinado por los combatientes y que vive allí con sus hijos..
De vuelta a Bukavu, después de su visita a Luhago, Jan Egeland declaró:.
Debo decir que Jan Egeland me impresionó, como persona y como subsecretario general. Demasiados personajes con cargos importantes en las agencias humanitarias no quieren acercarse ni por asomo a los pueblos perdidos como Luhago donde la gente sencilla sufre en silencio, y demasiados se preocupan más por la imagen de la organización en la que trabajan que en los destinatarios del trabajo que hacen..
Jan Egeland escuchó realmente lo que los desplazados o las mujeres víctimas de violencia sexual tenían que contarle, y durante el tiempo que fue necesario, y en sus reuniones con las autoridades (provinciales y estatales) no se cortó ni un pelo. Y es que a los que sufren las palabras en vano les sirven de bien poco.
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El agua en un coco es como un océano para una hormiga.
Hacía tiempo que os quería hablar de este tocho de libro de más de 500 páginas, que me regaló mi padre por Navidad y que al cabo de un par de semanas ya me había devorado. Y es que reconozco que me enganchó, a pesar de que su descripción del Congo es completamente mítica, o puede que fuese justamente por eso:.
Empieza como una clásica novela de aventuras tropicales que deriva hacia el terror psicológico, pero acaba siendo una profunda disección del alma humana y del concepto de amor llevado al límite de lo conocido. He visto reproducida en muchos sitios la cita de Sánchez Piñol diciendo que "la verdad es una cuestión de estilo", y yo añadiría que también es una cuestión de amor. Y eso fue lo que más me gustó de la novela, la reflexión que hace sobre la verdad y la relación que tiene con el amor. Y como no, el hecho de que tenga a Congo como escenario, aunque es tratado como un espacio mítico, casi imaginario..
Aunque no tenga nada que ver con el Congo que veo yo aquí cada día, os recomiendo visitar este Congo en el que todo es posible.
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El Congo no és un lugar. El Congo és el otro lado del universo. I entre todos los Congos possibles hay, ciertamente, un Congo al servicio de la expiación..
Cualquier viajero que ha estado en Congo te entretendrá durante horas con las historias más improbables que jamás hayas oído. Realmente nadie tiene prisa en este sitio -aunque quieras- y sea cuál sea el camino que escojas, te llevará mucho tiempo llegar al otro lado del país..
Nota sobre la foto: tomada en un viaje en avión desde Bukavu a Kinshasa, que dura unas 3 horas y media. Durante todo el trayecto de un punta a la otra del país sólo se ve un mar infinito de árboles y más árboles y más árboles.
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Porque cuando llevas una cicatriz en la cara o en el corazón, sólo es cuestión de tiempo antes que alguien te haga otra..
(citado en Empiezo a entender).
I followed you to your room.
you took your clothes off.
I kissed your arms.
I saw your scar.
you who never liked your life
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¡He estado en casa con malaria!.
Sí, ya es la tercera que paso y aunque no ha sido nada agradable, por suerte no ha sido tan fuerte como la primera. Después de tan sólo 3 días de tratamiento ya me siento mucho mejor e incluso he ido a trabajar un rato esta tarde. Pero, tal como decía en otro post, lo que tiene la malaria es que te deja totalmente chafado y cansado durante varios días después. Así que el médico me ha recomendado que estos días me cuide, véase, que tome vitaminas, que coma sano y bien, que duerma mucho y que no me estrese..
Lo curioso del caso es que la primera malaria (y segunda) la atrapé en Uvira, un pueblo a unas 2 horas al sur de Bukavu a orillas del lago Tanganyka, y ésta vez pues también. Me encontraba yo allí durante una semana substituyendo a un colega que está de vacaciones, y como es una zona muy endémica de malaria (y también de cólera, todo sea dicho de paso), pues había muchas probabilidades de que me tocara. Y malaria del peor tipo (plasmodium falciparum), es decir, la que puede llegar al cerebro y causar la muerte si no se trata a tiempo (que obviamente, no es mi caso)..
Debo decir que el médico local de Uvira resultó ser un joven muy majete que quiere ir a estudiar un máster en Bélgica, y que no sólo me trató de maravilla sino que me pareció más profesional que muchos médicos que vi por Kinshasa.