.
Están hechas a base de pequeños retazos de tela sobrantes de la confección de prendas de ropa, que me imagino que los que las fabrican recogen en las sastrerías y talleres de modistas. La foto de abajo a la izquierda muestra una bolsa llena de estos trocitos de tela minúsculos, que son usados tanto como relleno de las muñecas como para vestirlas. La construcción se completa con cola, paja y trocitos de madera, también reciclados..
Curiosamente, casi nunca he visto muñequitas de éstas que representen a hombres. Normalmente representan a mujeres haciendo tareas cotidianas como acarrear agua u otras cosas sobre la cabeza, moler harina de mandioca para hacer fufu o cuidar de su bebé. La única excepción que he visto son los personajes del belén, como el de aquí abajo que es igualito al que tengo en casa.
.
Pero finalmente el mal trago ya ha pasado (por agua), con invitados de 9 países distintos incluyendo varias repúblicas ex-yugoslavas y Bulgaria. Y además he aprendido un par de cosas. Por ejemplo, que una boda sencilla es sencillamente (válgame la redundancia) un oxímoron. Y también que no hay que escuchar a nadie durante los preparativos si no se quiere perder la cordura. Y que la gente que más trabajo da es la que después es más tacaña. Y que el gazpacho y el jamón gustan más que el foie y las codornices..
La retransmisión de mi reciente viaje al Congo continuará después de este pequeño paréntesi personal de agobio y felicidad a partes desiguales, en cuanto me recupere un poco del ajetreo.
.
Se estima que quedan tan sólo unos pocos miles de bonobos en el país (unos 10.000 como mucho) a causa de la presencia de guerrilleros en los parques que son su hábitat, y la caza con fines alimentarios. El santuario Lola ya bonobo, fundado en 1994 (durante la guerra) por una señora que sintió pena por los animales del zoo de Kinshasa. Hoy en día acoge entre 40 y 50 bonobos rescatados de varios lugares, y ofrece una rara oportunidad de verlos fácilmente a pocos minutos de la capital..
La primera vez que fui a ver a los bonobos fue hace 3 años, en 2005, y éramos un grupo de unos 10 armados con cámaras fotográficas y plátanos. Los bonobos debían estar aburridos y juguetones, así que se pasaron el rato haciéndonos gestos desde detrás de la valla, pidiendo que les estrecháramos la mano, etc. Tuve la sensación de que los observados éramos nosotros, y que los que estaban fuera de la valla y no dentro eran ellos, riéndose a costa nuestra. Mientras un bonobo se comía un plátano, muy consciente de la atención que le estábamos brindando, los demás intentaban captar la atención para que les hiciéramos fotos. En un visto y no visto, la cámara digital de mi amiga Melanie cayó en manos de un bonobo que no sé cómo había pasado el brazo a velocidad del rayo por uno de los pequeñísimos agujeros de la valla. Sobra decir que jamás recuperó su cámara, ya que era de color brillante y el bonobo estaba muy satisfecho con su botín: le sacó la batería, la tarjeta de memoria, estiró el zoom, apretó todos los botones, se la puso delante de la cara imitando nuestros gestos al hacer fotos.... y cuando se cansó mucho rato más tarde la lanzó a una charca..
Sin embargo no son las aficiones cleptómanas de los bonobos lo que les han dado fama, sino su pasión por el sexo de todo tipo como transacción cotidiana y como mecanismo para evitar los conflictos. Vamos, que les encanta pasar el rato tocándose a ellos mismos, unos a otros, lamiéndose, copulando y haciendo guarrerías de todo tipo..
Durante esta visita, como hacía muchísimo calor, no los vi muy activos. Los bonobos que vimos estaban todos tumbados con aire perezoso tomándose una siesta. Dos pequeñines se daban bofetadas el uno al otro sin demasiadas ganas, y una bonoba se limpiaba las uñas de los pies. Los más listos habían conseguido robarse unas botellas de plástico de los visitantes y las rellenaban en una especie de piscina y se echaban el agua por la cabeza. Después se fueron todos a bañarse..
Para los que quieran ver fotos de esta última visita, he colgado algunas aquí. Y para los que quieran fotos más profesionales, la revista Time publicó hace poco un reportaje fotográfico muy bueno sobre los bonobos.
.
En el centro de Kinshasa, por ejemplo, pueden verse vendedores de periódicos por el bulevar principal entre el tráfico enloquecido; vendedores de grandes mapas del Congo que no sé quién compra delante de la pastelería Chantilly; vendedores de maletas, lámparas y relojes de pared en la avenida Justice; vendedores de cachorros de perro y morteros para hacer fufu en la calle Huileries; vendedores de botellas de vino, perfumes y relojes de pulsera delante del supermercado City Market, etc, etc. Muchos de ellos sólo llevan un producto o dos colgado del cuello, del brazo o encima de los hombros, y otros los llevan encima de la cabeza, todo depende del producto..
Al principio pensaba que los que se pasean por las calles peatonales o por las aceras debían vender más al poder abordar a los transeúntes más fácilmente, pero pronto me di cuenta de que la mayoría de las compras a los vendedores ambulantes se realizan dede el coche. Como en el centro de Kinshasa los embotellamientos son el pan de cada día, la gente pasa una gran cantidad de tiempo sentada dentro del coche y aburrida. Y como la gente que tiene coche es lógicamente también la que tiene más medios económicos, pues se dedican a ir de compras desde la ventanilla. Como una oronda mujer que vi hace unos días comprando zapatos de niño durante un embotellamiento..
Los productos de los vendedores ambulantes son de lo más diverso, pero suelen ser siempre los mismos. Exceptuando algunas novedades durante esta visita que antes jamás había visto ofertadas: pintauñas, maquillaje y condones. ¿Tendrán alguna relación?
.
Además de poder comprar todo tipo de objetos por la calle, también se puede comprar todo tipo de comida. Como no todo el mundo puede permitirse comer en un restaurante todos los días, ni mucho menos tener uno, pues se vende "comida rápida" por la calle. Algunos ejemplos de comida callejera barata: pan con margarina o con pasta de cacahuete, frutas (plátanos, aguacates, naranjas, piñas, etc), gofres, buñuelos (beignets), brochetas hechas al instante sobre un bidón en un fuego improvisado a base de papel viejo o astillas, huevos duros, chikwangue, y muchas cosas más..
Todas estas opciones gastronómicas cuestan menos de medio dólar y normalmente son sorprendentemente buenas teniendo en cuenta las condiciones en las que probablemente se han cocinado y que se venden bajo el sol. Por ejemplo, comí varias veces huevos duros, que los vendedores transportan sobre la cabeza y sirven con pimentón, y nunca me provocaron problemas estomacales, cosa que no puedo decir de varios restaurantes mucho más caros y aparentemente más higiénicos en los que comí..
Además del hecho que los vendedores ambulantes de comida rápida se paseen con sus productos sobre la cabeza sin ningún problema, otra cosa que me fascina son los sonidos que muchos de ellos emiten para que los clientes los identifiquen mientras pasan por allí. De la misma manera que los butaneros golpean las bombonas para que la gente del barrio sepa que están en el vecindario, los vendedores de pan golpean con un cuchillo la fuente metálicas llena de barras que llevan sobre la cabeza. En cambio, los vendedores de gofres o buñuelos hacen un ruido parecido a un chupeteo con los labios que al principio pensé que se trataba de besos que lanzaban por doquier. De hecho, los vendedores de bolsitas de agua también hacen ese ruido besucón, pero además gritan algo que suena como "Opi, Opi". Como la palabra en lingala para agua es mayi o mai, me llevó un tiempo descubrir que es la pronunciación de la marca de las bolsitas de agua, "Eau Pure" (agua pura) que dicho rápido suena como Opi.
.
Ayer fue el Día Internacional de la Prensa y decidí ir al desfile por las calles de la ciudad con el resto de periodistas de Bukavu. Fue también un reencuentro con algunos antiguos colegas y amigos, me alegré de verlos y ellos parecían orgullosos de que hubiera decidido volver (aunque sólo fuera de visita) a su país. Hicieron paradas delante de las principales instituciones locales como la Corte Militar o la Asamblea de la provincia a leer un manifiesto en defensa de la libertad de prensa, y pidieron verdad y justicia en los casos de los periodistas asesinados Pascal Kambale y Serge Maheshe. Al final llegamos donde el Gobernador y nos tuvo una hora bajo el sol (secandonos como a la mandioca, dijo una periodista), y al final no apareció. Lleva solo un día en el cargo y ya ha cogido los vicios del poder..
Después fuimos a comer en un restaurante congoleño llamado Delicia, ensalada de aguacates, brochetas y lenga lenga. Al volver a casa vi que me había quedado marcada la camiseta en los brazos y en el cuello, como a una turista principiante. Dormí como un tronco, eso sí.
.
Kinshasa, a pesar de lo desagradable que puede llegar a ser, también tiene sus lugares de interés y actividades para disfrutar de un buen rato. Uno de mis lugares favoritos es Chez Tintin, una terraza junto al río Congo en las afueras de la ciudad que debe su nombre a los murales de Tintin que decoran su entrada. Es el lugar ideal para tomar una Primus (cerveza congoleña) un domingo por la tarde mientras se pone el sol..
Kinshasa también ofrece varios lugares donde comprar arte congoleño de todo tipo, que es muy rico y extremadamente interesante. Desde pinturas de todos los estilos, esculturas de madera, máscaras, collares y joyas, tapices, objetos de cerámica o muebles, es difícil resistir a no llevarse ningun recuerdo artístico..
Y hablando de arte, el programa del Centro Cultural Francés en la Halle de la Gombe de este mes incluye exposiciones de pintura y fotografía, un festival de documentales hechos por estudiantes congoleños, teatro y danza. Y Bélgica dispone también de un centro cultural con una oferta igualmente interesante y variada..
Además, en este viaje he descubierto una nueva forma de arte que parece haber florecido en la ciudad: los murales publicitarios pintados a mano. Desde jabón para la ropa hasta licor francés, pasando por cuchillas de afeitar, cubitos de caldo, margarina, leche, pelucas o incluso machetes. Las paredes de Kinshasa se han convertido en un enorme lienzo de colores, todos únicos y originales.