Como decía el otro día, a los americanos les encanta todo aquello que suene a europeo en general y a francés en particular. Y por lo visto este fenómeno es aún más acusado en el norte de California donde están obsesionados con todo lo francés, sobretodo los restaurantes. Así, la mayoría de los restaurantes con buena reputación y que reciben elogios y alabanzas en los periódicos o guías gastronómicas tienen nombres franceses (y supongo que también comida francesa). Y las panaderías más concurridas son, como no, las francesas (hay una concretamente que siempre tiene cola en la acera, y los domingos da la vuelta a la manzana).
Si bien es comprensible que la gente de aquí se pirre por la comida francesa (porque es simplemente genial, ya lo dije un día y lo repito), lo que ya me parece más rídiculo es que le pongan nombre franceses a cualquier tipo de establecimiento simplemente para darle categoría. Piensan que así van a dar la impresión de dar un servicio de calidad y van a atraer más clientela o simplemente cobrar más (y supongo que les funciona). Sin embargo, a menudo estos establecimientos no tienen nada de francés, apenas al nombre, como el pequeño supermercado tipo badulaque de la foto inferior (incluso sirven shauarmas) que mezcla la palabra francesa para mercado (marché) y la inglesa (market): Le Petit Marchet. Y se quedan tan anchos.

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Porque me gusta la cocina francesa “by Elia”? Siempre pensé que arte y humanitarismo “ligan mal”. 17/09 escribes de un artista “defenestrado” (no quiere que le retiren “su obra”). 20/09 escribes de un “artista” que quieren defenestrar (posible juego artísticomercial, es decir “su obra”, con la “desgracia” social). Lo dicho: zapatero a tus zapatos y addike al bussines.