adopción en tiempos de guerra

El viernes fui al cine Roxie (que ya he nombrado alguna vez) a ver la película Warchild del director alemán Christian Wagner, en la sesión inaugural del festival Crossing the border (Cruzando la frontera) organizado por el Instituto Goethe de San Francisco, sobre las migraciones y las fronteras.

La película está protagonizada por Senada, una joven bosnia que hace de agente inmobiliaria en Sarajevo. Un día descubre por casualidad una foto en una revista alemana que le da una pista de que su hija que daba por muerta desde la guerra puede estar viva en Alemania. Sin dudarlo un momento decide irse hasta allí a investigarlo, a través de un largo viaje como inmigrante ilegal hacia la “fortaleza UE”. Una vez allí consigue localizar a su hija perdida, que ha sido adoptada por una pareja alemana y lleva otro nombre. Después de 10 años, la adopción no puede revocarse ya que los papeles estaban en regla, y además la familia adoptante se sienten padres de la niña, que tiene 12 años, y no piensan renunciar a ella de ninguna manera.

La primera parte de la película muestra el viaje de Senada, mientras que la segunda parte muestra la imposibilidad de acceder a su hija una vez la ha encontrado. Se pasa días merodeando cerca de la casa de los padres adoptantes, habla con el padre, con la madre, con la asistenta social, pero nadie la puede ayudar. La pérdida de su hija es irreversible, como lo es la guerra y sus cicatrices. La pasta de dientes no se puede volver a meter en el tubo.
La película acaba con un final abierto, irresuelto, como si el director no se hubiera querido mojar. En cierto modo habría preferido un final más conclusivo, después de ver a la pobre mujer desesperada por encontrar a su hija durante toda la película. Por otro lado supongo que este tipo de final es el más realista, ya que es un dilema de muy difícil resolución y parece que la película quiera provocar la reflexión más que ofrecer soluciones.

En general la película me gustó y en algunos momentos me pareció extremadamente aguda narrativamente, con escenas de una intensa carga emocional con gran economía de recursos dramáticos. La fotografía también tienen momentos de extrema belleza, como las ruinas en las aguas de ¿Eslovenia? donde Senada llega después de su periplo a través de fronteras ilegales. No en vano el director de fotografía trabajó con el gran Werner Herzog y es muy conocido en Alemania.

Sin embargo, le encontré un fallo importantísimo: la actriz principal, Labina Mitevska, además de parecer demasiado joven para el papel de madre de una niña de 12 años, es macedonia y no bosnia. Para alguien no familiarizado con la historia de los Balcanes y con las guerras de independencia de Yugoslvia, puede parecer un detalle irrelevante. Pero para alguien de la región este tipo de detalles son cruciales. Recordemos que si bien el croata, el bosnio y el serbio es esencialmente la misma lengua, el macedonio no lo es, y además tiene una sonoridad muy distinta por lo que Mitevska hablando bosnio suena como una extranjera.

Al acabar la película el director, Christian Wagner, contestó a las preguntas de los asistentes así que aproveché para preguntarle sobre su elección de la actriz principal. De entrada se sorprendió de que me hubiera dado cuenta de que no es bosnia, a pesar de que su apellido es típico macedonio y al llegar a casa me di cuenta de que es una actriz conocida por haber actuado en Antes de la lluvia (que ganó el Oscar) y la película checa Samotáři (Solitarios). Pero en lugar de contestar diciendo que es una actriz excelente -que lo es- y que no pudo refusar trabajar con ella, o algo por el estilo, simplemente dijo que hay que tener en cuenta que Bosnia es un país muy pequeño y por lo tanto con muy pocos actores. Ejem.

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