El post de ayer sobre el controvertido proyecto del artista danés Kristian Von Hornsleth sobre la ayuda humanitaria en África me hizo recordar a otro peculiar artista que trabajaba sobre un concepto similar que conocí en Kinshasa hace más de un año y que desde entonces he vuelto a ver en varias ocasiones pululando por el país. En este caso se trata de un holandés, Renzo Martens, que trabaja en un documental artístico que pretende poner en evidencia lo que según él es el gran “negocio” de la asistencia humanitaria. Según él, el fin de la asistencia humanitaria no es realmente ayudar a África, sino aprovecharse de ella: perpetuar la pobreza y las crisis para así perpetuar también su propia existencia y los puestos de trabajo que ésta genera. Los cooperantes no son buenos samaritanos, sino simplemente mercenarios aprovechados que sólo están en África por la pasta.

A juzgar por el tiempo que hace que Martens se pasea por la RDCongo, parece que lleva casi dos años trabajando en este proyecto y no tengo ni idea de cuando va a acabarlo. Conozco a varias personas de diversas ONGs, agencias humanitarias y de la MONUC (la misión de mantenimiento de la paz de la ONU) a las que Renzo Martens ha acabado la paciencia a base de burlarse de ellas durante entrevistas y filmaciones diversas. Podríamos decir que se ha convertido en un personaje muy, muy conocido entre la comunidad internacional de la RDCongo. Y confieso que estoy impaciente por ver su trabajo acabado.

Buscando en internet he encontrado poca información sobre su trayectoria artística, aunque he encontrado un blog que habla de su anterior proyecto (del 2004), llamado Episode 1, sobre la guerra en Chechenia. Durante el auge del conflicto, cuando Chechenia recibía una gran atención mediática, el señor Martens viajó por el país con los convoys de ayuda humanitaria y en lugar de preguntar a la gente por la situación vivían, giró la cámara hacia él mismo y les preguntó lo que pensaban de él. “Ya basta de hablar de vosotros, ahora hablemos de lo que vosotros pensáis de “, dice Martens.

Al igual que con el proyecto de Hornsleth, me pregunto ¿es esto arte o burla?

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