Me encantan las bocas de incendios americanas, también llamadas hidrantes de su denominación en inglés: fire hydrants. Son las que se encuentran en las esquinas de cada casi cada cruce de calles y que aparecen en tantas películas y fotografías antiguas aparecen disparando chorros de agua para refrescar a los niños traviesos del barrio en verano. Como por ejemplo ésta de color amarillo y verde, aunque suelen ser blancas o grises. Siempre me he preguntado por qué en España no las tenemos, ya que los bomberos necesitan agua tanto aquí como allí. Pero al vivir aquí me he dado cuenta de la importancia de la madera como material de construcción para las casas, en lugar de los más habituales ladrillos en nuestro país. Así que supongo que es una simple cuestión de volatilidad en caso de incendio.

Aun más que por las bocas de incendio en las esquinas de las calles, he ido desarrolando un interés estético por las bocas de manguera que se encuentran en las fachadas de los edificios de varias plantas, normalmente en hileras de dos o más. En inglés se las llaman standpipes, y la mayoría suelen ser dry standpipes, es decir bocas de manguera secas. Al principio no entendía muy bien la diferencia entre éstas y las bocas de incendios de las aceras, pero como siempre la súper-Wikipedia me lo aclara: se usan para hacer subir el agua a los diferentes pisos del edificio, para evitar perder tiempo moviendo mangueras arriba y abajo. O sea que son cañerías vacías (de ahí el adjetivo “seco”) usadas para bombear agua hacia arriba en caso de incendio.

Lo que me llama la atención es que, a diferencia de las bocas de incendio callejeras que no suelen tener colores, las otras a menudo ofrecen interesantes contrastes cromáticos con el color de la fachada, y ofrecen más variedades de formas y diseños. En cierta manera, me parecen pequeñas obras de arte moderno. Y si no echad un vistazo a esta serie de fotos que he ido recopilando durante los últimos meses y no me digáis que no tiene salero estético. Me tienen fascinada.

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