En su día se me pasó hablar de ello, pero el post de ayer sobre el sobreembalaje de envíos me hizo volver a pensar en el tema: el uso de las bolsas de plástico para la compra. Aquí en San Francisco en marzo pasado se aplicó su prohibición en los establecimientos que facturan más de 2 millones de dólares por año. Desde entonces, pues, las grandes superficies deben dar a sus clientes bolsas o bien de papel que contenga al menos un 40% de material reciclado o bien de plástico biodegradable. También hay la opción de llevarse bolsas de tela desde casa, o un carrito de la compra de las abuelas. Según este artículo, se estima que cada año se distribuyen unos 180 millones de bolsas de plástico a los compradores de San Francisco.
Hoy justamente he leído en el blog Entre los simios un post sobre una reciente campaña para prohibir el uso de bolsas de plástico en Cataluña (y cuya propuesta oficial llegó al Parlamento catalán el pasado 1 de octubre). En su díptico informativo (en catalán) dice que en Cataluña se usan y tiran unos 14 millones de bolsas de plástico por semana, que representan unas 110.000 toneladas al año. Y su descomposición tarda, no lo olvidemos, entre 400 y 1000 años.
Me parece del todo loable que San Francisco, Cataluña u otras partes del mundo adopten legislaciones más restrictivas con el uso indiscriminado de bolsas de plástico desechables. Es un gasto innecesario y nocivo para el medio ambiento que hay que regular, al igual que el embalaje excesivo de los productos. Sin embargo, simplemente prohibir su uso no es una solución mágica para acabar con el problema de la contaminación y el impacto ecológico de las bolsas de la compra. Tal como comenta este blog, según la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos

Las bolsas de papel general un 70% más de contaminantes en el aire y 50 veces más contaminantes en el agua que las bolsas de plástico. Esto es porque se necesita cuatro veces más energía para producir una bolsa de papel y 85 veces más para reciclarlas.

Para mí la prohibición de las bolsas de plástico debe ir acompañada de un cambio de conciencia y de costumbres de la población hacia el consumismo y las bolsas de la compra en particular (sean del material que sean). Por ejemplo, ahora que las bolsas de plástico están prohibidas en los supermercados la gente pide dos bolsas de papel con cada compra “por si se rompen”. O si voy al mercado a comprar frutas y verduras, puedo ponerlas todas juntas en un carrito o en un cesto en lugar de cada cosa en una bolsa separada. Las leyes ayudan a cambiar las malas costumbres, pero por si solas no bastan.
boicot a las bolsas de plástico

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