Después de una semana en Dubrovnik, la siguiente parada en este viaje vinícola por Croacia era la isla de Korčula (Kórchula), el lugar de nacimiento de Marco Polo, que se encuentra a unas 2’5 horas de distancia en ferry. Sin embargo, a medio camino hay otra isla, Mljet, que parecía interesante de visitar ya que según varias guías turísticas por allí pasó Ulises de vuelta a Ítaca y allí cayó en las redes de una bella mujer (o ninfa o sirena, no sé, mi conocimiento de la Odisea es muy limitado) llamada Calypso que retrasó durante varios años su regreso a casa. Así que llegué a Mljet con esta imagen de isla paradisíaca que retuvo a Ulises durante tanto tiempo.
Pero pronto me di cuenta de que Mljet no tiene nada de paradisíaco y que el atractivo para Ulises debía encontrarse más en la tal Calypso que no en la isla en si. Mljet es una isla muy tranquila de apenas 1000 habitantes repartidos en varias poblaciones, la mayoría de las cuales no superan los 50 habitantes, la mitad de la cual es un parque natural con un lago de agua salada con una iglesia en medio que es su mayor atractivo turístico. Sin embargo, a pesar de que multitud de agencias ofrecen excursiones a Mljet desde Dubrovnik o Korčula y todas las guías recomiendan visitarla, es una isla que no está para nada preparada para recibir turistas. No sólo no hay hoteles (excepto uno, llamado como no Hotel Odisea) y hay que alojarse en apartamentos particulares, sino que no hay ningún tipo de transporte público en toda la isla, ni por tierra ni por mar. Y si bien hay bien poca cosa para visitar en la isla aparte del parque natural con el lago salado (de Ulises ni rastro), resulta francamente engorroso para moverse entre los 3 puertos que la conectan con Dubrovnik o Korčula.
En definitiva, Mljet es el lugar ideal para ir a perderse y alejarse del mundanal ruido. Pero eso es lo único que allí puede hacerse.

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