Al pedir un café en Bosnia y Herzegovina, si no se especifica lo contrario, lo más probable es que traigan un café bosnio o café turco en lugar del café de máquina o espresso al que estamos acostumbrados más al oeste del Mediterráneo. No hay que asustarse: se trata simplemente de un café con poso, sin filtrar, y si se prepara correctamente es una delicia.

El café se prepara tradicionalmente en unos pequeños cazos con un asa larga llamados džezva (objeto a en la foto), normalmente de medida individual. Se echa pues una cucharada o dos de café molido en la džezva en cuestión, según se quiera más fuerte o más ligero, se le añade agua y se pone a hervir a fuego medio. Cuando el agua alcanza el puento de ebullición, se baja el fuego y se deja hervir un rato más hasta que vuelve a hervir. La operación se puede repetir una vez o dos más pero en principio el café ya está listo para servir.

Normalmente se sirve en una bandejita individual (objeto b) y se sirve en unas tazitas muy pequeñas llamadas fildžan (objeto c). Como el café es bastante fuerte, se suele poner un terrón de azúcar en el fildžan para endulzarlo. Así, una vez se ha dejado reposar el café en la džezva para que el poso quede al fondo, se echa encima del terrón. Además, para más endulzamiento, el café bosnio/turco se suele servir acompañado de un dulce muy dulce (válgame la redundacia)que se llama rahat lokum, hecho a base de almidón y azúcar.

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