Ayer fue el 11 de setiembre, día en que por lo que veo en este país es ya costumbre preguntar a quien se tenga alrededor qué estaban haciendo el fatídico día del 2001. Sin embargo, aunque los americanos piensen que el mundo gira a su alrededor algunos intentamos recordarles que ayer se cumplían también otras efemérides. Como por ejemplo, el día nacional de Cataluña, conmemoración conmemora de la caída de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 en manos de las tropas borbónicas durante la Guerra de Sucesión Española.

Así que por primera vez colgué un par de banderas catalanas de la ventana (aquí no hay balcones), y por la noche fui a cenar con un pequeño grupo de catalanes en San Francisco al restaurante exclusivamente catalán de la ciudad, llamado B44. Aunque ninguno de los camareros o trabajadores del restaurante (todos mexicanos) sabían nada del día nacional de Cataluña, les hizo ilusión saberlo y se ofrecieron a colgar la bandera que teníamos encima de la mesa.

La comida resultó ser mejor de lo que esperábamos (para la mayoría de nosotros era la primera vez allí), y la carta de vinos y cavas catalanes estaba bien surtida. Comimos varios platos en miniatura como entrantes, tales como sepia rellena, escalivada o xató, y arroces y fideuás como platos principales. Y de postre, no podía faltar la crema catalana y el mel i mató.

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