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La ciudad (y el país) está llena de teterías, en checo čajovna (pronunciado chayovna), que son locales de ambiente relajado con amplias cartas de té de todo tipo y origen. La primera tetería que visité y que me dejó impresionada fue una de la cadena Dobrá Čajovna que ya no existe. Desde entonces quedé enganchada a las teterías, y celebré con gran alegría la apertura de una en Barcelona que se había inspirado en la susodicha cadena praguense..
Como no, durante esta visita no podía dejar de ir a la Dobrá Čajovna que queda en Praga (en Václavské Náměstí) y tomarme mi té favorito que sólo producen ellos y que por lo tanto no había podido probar desde hacía mucho tiempo. Se llama King Edward y es un té negro indio (que para mí es el mejor) con un muy sutil sabor a chocolate. Ahora ya lo sabéis: no sólo no me gustan los pasteles, sino que además prefiero el té al café..
Además, durante esta visita probé otro té muy interesante que no se puede encontrar fácilmente fuera de la Dobrá Čajovna. Se trata de un té frío que es una mezcla de no sé muy bien qué variedades que han bautizado como Staroborshov en honor a la tetería que tenían en esa calle que ya cerró (aparece al final de este menú). Su particularidad es que lleva una espumilla en la parte de arriba que hace que parezca una vaso de cerveza, fusionando así las dos mayores pasiones líquidas checas: el té y la cerveza. Ah, y estaba muy bueno.