Es algo que observé en mi primera visita a la República Checa hace 14 años y que volví a observar en esta útima visita: a los hombres checos de cierta edad les encantan los chalecos. De color marrón claro o verde militar, y con cuantos más bolsillos mejor. Tanto en la capital como en las provincias, uno de cada tres checos de más de cuarenta años inevitablemente llevará una de estas útiles y favorecedoras prendas.
Nunca alcancé a ver qué tipo de cosas llevaban en los bolsillos, pero casi siempre se veían abultados, en uso. Al principio pensé que quizás sería porque los checos son muy aficionados al bricolaje, o a coleccionar piedrecillas, pero más adelante llegué a la conclusión de que simplemente les gusta llevar sus cosas encima pero no les gusta cargar bolsas o carteras.
Nunca conseguí dilucidar la pasión por los chalecos con bolsillos, ya que cuando pregunté a amigos (de menor edad que los típicos usuarios de la susodicha prenda) negaron esta tendencia nacional. El único que aventuró una vez una teoría fue un expatriado: como a los checos les encantan las actividades al aire libre, y a los praguenses les encanta irse a pasar el fin de semana a la chata (casita de campo), pues necesitan estar siempre preparados y por eso llevan siempre llaves y herramientas encima.
A parte de los chalecos de bolsillos, otras características típicas del hombre checo de mediana edad son la barriga cervecera, las sandalias baratas tipo veinte duros, y en verano pantalones cortos. También tienen tendencia a llevar calcetines con las sandalias, supongo que por su vecindad con Alemania que es la que inventó esta peculiar moda.
Y completa el cuadro un perro, complemento ideal a las actividades al aire libre e incluso para ir de bares (se les permite la entrada en todas partes). Los que más abundan son los de tamaño mediano o pequeño, y curiosamente hay bastantes perros salchicha – jezevčík en checo.

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