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El título de la película, Juju Factory hace referencia al juju, un talismán de tipo mágico-vudú que protege de lo maléfico con poderes sobrenaturales en África del Oeste. La película cuenta la historia de un escritor congoleño (llamado muy reveladoramente Kongo Congo) en Bruselas que quiere escribir una especie de historia del Congo a través de los exiliados del barrio de Matonge (conocido por la gran comunidad congoleña que allí vive). Pero a su editor, también congoleño, no le hace ninguna gracia el carácter político y reivindicativo de sus escritos, e intenta hacerle escribir una historia mucho más festivo-folclórica del barrio. Según explica el director de la película, Balufu Bakupa-Kanyinda, su idea era mostrar un combate imaginario entre un escritor (el juju) y un editor (lo maléfico), con visiones enfrentadas de su vida como exilidados en Bélgica, de lo que representa ser africano, a la vez que una metáfora sobre la creación en el exilio..
Se trata de una película peculiar, que mezcla el tono documental con la ficción, y que más que contar una historia se trata de una reflexión filosófica sobre las dificultades de la creación. Y esto es a la vez su punto débil y lo que la hace interesante, ya que es muy difícil mostrar la escritura visualmente sin cansar ni resultar repetitivo. Y también es muy difícil realmente remover la conciencia de la audiencia con mensajes pamfletarios, muy bien escritos eso sí, en lugar de con una historia bien construida y poderosa. Digamos que quizás el director fue demasiado ambicioso con el mensaje de la película, que gira entorno al pasado colonial del Congo y al asesinato de Lumumba (tema que parece obsesionar al director, que en una entrevista que leí dijo que su próxima película hablará precisamente de eso, ya que ese asesinato en el 1961 marcó una ruptura de los congoleños con su propia historia y pasado)..
En todo caso Juju Factory es una película sumamente interesante, no sólo como representante de una cinematografía tan escasa como la congoleña, sino también por los temas más universales que toca (la creación, el exilio), y por su manera tan africana de hablar de un montón de cosas a la vez. Y retrata de manera magistral algunas actitudes y maneras de pensar de los congoleños, algunas en plan humorístico como el estudiante que se compra unos zapatos de 450 euros y luego le pide al escritor que le preste 5 euros para el autobús de vuelta a casa. También retrata las dos actitudes principales de los congoleños (africanos) exiliados: la crítica hacia la patria como activismo para cambiar las cosas y la exaltación ciega de la patria sin querer ver lo malo para mantener una especie de dignidad decadente y falsa..
Esta última actitud la descubrí con el blog de Cédric, que siempre ha denunciado todo lo que no funciona en Kinshasa y en el Congo y desde el principio recibió insultos de infinidad de congoleños residentes en Europa que lo acusaban de mancillar el honor del país, de recrearse sólo con lo malo y lo feo de manera sensacionalista, etc. Si bien es cierto que la distancia tiende a alimentar la memoria selectiva, recordando la patria como poco menos que un paraíso, lo de los congoleños va más allá. Es un país enorme y riquísimo con un gran orgullo nacional pero cuyas habitantes viven una contradicción interna. Como dice Balufu Bakupa-Kanyinda citando un proverbio d e los Luba: "Aceptad dormir con hambre, pero no con la vergüenza o la humillación"..
Por cierto, para los que les haya picado la curiosidad por esta película atípica, en YouTube he encontrado cinco tráilers que en realidad son cinco escenas de 3-4 minutos cada una (están en francés con subtítulos en inglés): uno, dos, tres, cuatro y cinco.