Alguna vez me he quejado por aquí de la mala costumbre de muchos blogueros e incluso periodistas de no mencionar de donde han sacado las fotos que utilizan, ni los textos en los que se han basado o inspirado. Por esa razón muchos fotógrafos profesionales (o aspirantes) usan las marcas de agua digitales, es decir, insertan su nombre medio diluido de fondo o al pie de la foto. Además de marcar las imágenes, también tienen la tendencia a hacer sus sitios web en Flash, a colgar sus fotos en tamaño pequeñísimo, a crear filtros blancos y obstáculos diversos para intentar evitar que la gente copie sus fotos. Parecen no haber oído hablar del botón del teclado que se llama “Print Screen” (imprimir pantalla), o de lo fácil que resulta eliminar las marcas de autoría con el Photoshop.

Por eso a todos estos fotógrafos preocupados por evitar que sus fotos circulen me gustaría hablarles de Creative Commons (CC). Se trata de una organización sin ánimo de lucro que ha desarrollado una serie de licencias de derechos de autor que te permiten decidir cómo quieres que los demás puedan utilizar tu trabajo, ya sean artículos, fotos, música, etc. Dada la facilidad con que hoy en día se pueden copiar y reutilizar contenidos digitales, CC facilita esta circulación sobre unas bases de mutua buena voluntad y entendimiento sobre las condiciones del uso y re-uso. Este blog, por ejemplo, tiene una licencia que permite copiar y utilizar mis contenidos libremente pero cumpliendo dos condiciones: que se me atribuyan a mí, y que no sea con fines comerciales.

Cuando empecé a bloguear y a colgar fotos en internet me molestaba que la gente usara mis textos o imágenes en otros sitios sin pedirme permiso. Después me di cuenta de que la única manera de evitar que la gente copie contenidos es sencillamente no ponerlos en internet. Si están disponibles en internet, por más marcas de agua y obstáculos que les pongas a la gente para copiar fotos, lo harán igualmente si tienen la cara dura. Pero rápidamente me di cuenta de que la mayoría de gente que copia contenidos no lo hacen con nocturnidad y alevosía, sino con toda la inocencia del mundo. Por eso al poner explícitamente que no te importa compartir tus contenidos siempre y cuando te den crédito, la mayoría lo hacen sin problemas en señal de agradecimiento. Y de ahí salen toda clase de sorpresas.

Si bien es cierto que internet ha devaluado el trabajo de los fotógrafos, querer resistirse a la proliferación de la fotografía digital es inútil, y querer sobreproteger tus fotografías aún lo es más ya que la competencia es feroz y la atención escasa. Compartiendo se consigue nombre y karma, y eso son dos cosas que al fin y al cabo todo fotógrafo necesita para hacer negocio. Y además, no nos engañemos, la escritura y la fotografía son dos profesiones que se hacen por pasión, y el dinero viene después de mucho esfuerzo.

Los ejemplos de las ventajas de compartir fotos con Creative Commons sobre no compartir son infinitos, pero uno que me gusta especialmente es el que contó Andrew Heavens en una conferencia y luego en su blog Meskel Square. Él es un periodista y fotográfo profesional que ha estado varios años trabajando para Reuters y demás agencias desde Etiopía, donde sacó la foto que ilustra este post, y ahora trabaja en Sudán. Aquí os traduzco del inglés un fragmento de su charla:

El tiempo y la distancia me han permitido reflexionar sobre las muchas ventajas de dejar de preocuparse y empezar a disfrutar de los efectos liberadores de Creative Commons.

En lo personal muchas cosas buenas han pasado gracias a que mis fotos descartadas están nadando por internet con una licencia CC. Me ha escrito gente para ver si las podrían utilizar en libros de texto, calendarios, cartas de restaurantes etíopes, tarjetas de felicitación en amárico. (¿Cada cuánto se te presenta la oportunidad de ilustrar una línea de tarjetas de felicitación en amárico?) Algunos de estos contactos me han acabado trayendo trabajos pagados. Algunos me han traído ofertas de comida gratis si alguna vez paso por Nueva York y me apetece dejarme caer en cierto restaurante etíope. Otros no me han traído ningún beneficio económico.

También han pasado muchas cosas buenas más allá de lo personal. Tal como he dicho antes, una de las cosas más frustrantes de la fotografía de prensa es la brevedad de la vida de las fotografías. Te metes en una situación arriesgada para registrar acontecimientos que consideras importantes, de interés periodístico. Las fotografías resultantes aparecen en un abrir y cerrar de ojos en periódicos, pantallas de televisión y Noticias de Yahoo, durante un día como mucho. Y entonces desaparecen.

Lo genial de Creative Commons es que le da a tu trabajo una vida más larga. Después de que el acontecimiento de actualidad haya pasado, las fotografías siguen allí afuera, esperando que alguien se fije en ellas, que les de un nuevo significado y que las utilice en un contexto diferente.

Sin duda alguna esto puede resultar preocupante y despertar temores (imagina si un grupo de odio racial se hubiera fijado en las fotos y las hubiera usado para ilustrar un artículo sobre la violencia de los negros). Pero ponerse a mirar las fotos desde afuera y mirar donde acaban yendo a parar es como mínimo un proceso fascinante.

Y concluye: si amas a tus fotos, libéralas.
Creative Commons
Osub Fahid, vendedora de camellos en el mercado de Jijiga market de la región somalí de Etiopía. Foto de Andrew Heavens.

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