Hace un par de días leía en el blog de Dorothée algo que a menudo también me ha llamado la atención: que incluso en los pueblos más apartados y recónditos puedes encontrar Coca-Cola. No tendrás agua corriente, ni electricidad, y por lo tanto ni nevera, ni televisor, ni lavadora, ni lámparas ni nada, y no podrás comprar apenas comida (sólo mandioca, piñas y animales vivos), pero eso sí, en algún sitio o en otro seguro que habrá Coca-Cola. Y dice ella que “si se pudiera capitalizar la estrategia de distribución de la Coca-Cola, se podrían dar medicinas contra la malaria a cada mujer embarazada en el Congo”. Y qué razón tiene (otro día os hablaré de la malaria y de cómo se podrían evitar las miles de muertes que esta enfermedad provoca si se distribuyeran los medicamentos necesarios).

Pero claro, la pela es la pela, y lo que llega a todas partes es el negocio y no otra cosa. Por más jodido e incomunicado que esté un país, o una región de un país, no sé cómo narices se las apañan los de la Coca-Cola, pero su agua marrón azucarada siempre está allí esperándote (es cómo perderse en una jungla en medio de la nada, sin carreteras ni pueblos a varios kilómetros a la redonda, y en el momento más inesperado te encuentras con uno de Barcelona -sí señores, está empíricamente comprobado, vayas donde vayas siempre aparece uno de Barcelona como por arte de magia de detrás de un matorral).

Así que, como dice Claypot, sabes que un país está realmente jodido cuando no encuentras Coca-Cola en ninguna parte. Y entonces ya puedes ir preparándote para pasarlas canutas.

Este teorema de la Coca-Cola se complementa con el de la cerveza: también en los lugares más recónditos e insospechados del país donde no hay nada para comer ni beber puedes encontrar cerveza (probablemente Primus o Skol, que son las más populares en el país). O sea que si no encuentras Coca-Cola, entonces probablemente habrá cerveza. Y viceversa. Aunque, de hecho, eso sólo pasa una vez al mes o así cuando los aviones les traen los envíos de alguno de estos dos productos (o si hay suerte, de los dos). Por eso muchos colegas cuando van a trabajar a las provincias se llevan sólo una maletita con ropa y unas cuantas cajas de cerveza para hacer la estancia más llevadera. Porque ya me diréis qué hace uno para pasar el rato y los fines de semana en un sitio donde a las 6 ya es oscuro y no hay electricidad, en el bar del pueblo sólo tienen Coca-Cola (o cerveza), y si quieres ligar tus opciones se reducen aún más que la carta de los bares: o bien soldados de la ONU o bien algún pringado de alguna ONG (como tú, por otro lado) que tiene una cabra como mascota y una extensa colección de pelis porno en su biblioteca (que ve durante las horas que hay electricidad, no necesariamente cuando tiene ganas).

Y como coletilla al teorema de la cerveza, os recomiendo leer el interesante post de Kim sobre los hábitos cerveceros de los congoleños y la cerveza como símbolo del valor adquisitivo de la población.

En fin, mañana es fiesta (el final del Ramadán, o sea), por lo que tengo un fin de semana largo de 3 días. Y por suerte en Kinshasa las opciones sociales y de ocio son más abundantes que en el resto del país…

Buen fin de semana a todos.

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