Como iba diciendo ayer, este fin de semana en San Francisco ha estado cargado de amor y libertinaje. Después del Festival del Amor del sábado, ayer tuvo lugar otro evento de alguna manera también dedicado al amor en sus formas más extremas y no-convencionales: la Feria de la Calle Folsom (Folsom Street Fair en inglés). Se trata de la mayor feria de la cultura del cuero del mundo, acto final de un semana entera de actividades dedicadas a la pasión por el cuero.

Y aunque las aficiones sexuales relacionadas con el cuero (como el BDSM) no son exclusivas de una tendencia sexual u otra, de alguna manera esta feria tiene mucho de celebración gay y transexual (que en junio sí celebran su propio día), por ejemplo dedicando varias paradas únicamente al público gay. Durante esta feria al aire libre miles de personas se pasean por la calle Folsom con atuendos de cuero de todo tipo, algunos reducidos a la mínima expresión (o incluso sin nada), y dan rienda suelta a sus filias poco convencionales sabiéndose por fin rodeados de otra gente que las comparte.

Hay actuaciones de varios grupos de música, puestos de comida, montones de paradas que venden películas porno o accesorios sexuales, y estantes donde recibir unos buenos azotes o ser atado y amordazado, por ejemplo. En definitiva se trata de un gran festival exhibicionista de gran atractivo para los mirones de todo tipo (y para los fotógrafos). Y que cada año (ya llevan 24) escandaliza a los ultra-católicos de mala manera, los cuales incluso se gastan la pasta en alquilar avionetas con mensajes para “convertir” a los homosexuales.

Aunque el tema de la feria a mí ni me va ni me viene, sí que fue interesante fotográficamente. Y como nueva residente en San Francisco me pareció interesante visitarla ya que son este tipo de eventos que definen a la ciudad y que le han dado su fama de ultra-tolerante, liberal y abierta. Además las donaciones que se recogen cada año en la entrada del recinto se destinan íntegramente a organizaciones sin ánimo de lucro comunitarias que trabajan en temas como la salud sexual.

Otro detalle curioso es que una de las asociaciones que organizan el evento es un grupo de monjas gays, transexuales y transgénero llamadas Hermanas de la Indulgencia Perpetua que se dedican a la educación en materia sexual y a promover una actitud positiva hacia el sexo, libre de sentimientos de culpa. Por sus actividades habituales y por un exorcismo que representaron cuando el Papa visitó San Francisco en 1987, desde entonces se encuentran en la lista de herejes de la Iglesia Católica. Aunque no conozco mucho sus actividades, sus trajes y maquillaje son espectaculares, y confieso que sus provocaciones me hacen gracia. (Por cierto, JP habló de ellas hace unos meses en su blog)

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