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El otro día, con motivo de la Jornada Internacional del Voluntariado, fuimos al barrio de Kabinda a visitar una pequeña residencia de ancianos destartalada en la que viven 11 personas. En otro tiempo había formado parte de un centro médico bastante grande que disponía de una clínica, un orfanato y la residencia en cuestión. Pero los años y el abandono por parte del Estado han ido deteriorando el lugar hasta tal punto que la mayor parte se encuentra casi en estado ruinoso y sólamente una pequeña parte sigue funcionando para los ancianos. Sin ningún tipo de ayuda o de financiación por parte de nadie, viven exclusivamente de la caridad de los espóntaneos que por allí pasan..
La mayoría de ancianos que viven allí no son tan mayores, sino que rondan los 50 años o como máximo los 60. Pero a pesar de eso encuentran en muy mala situación de salud, enfermos, desnutridos y olvidados por todo el mundo. Al vernos se pusieron tan contentos que algunos que no pueden casi caminar por culpa de la artrosis y demás dolencias se movieron de su rincón por primera vez en mucho tiempo..
La mujer de la foto, muy sonriente y emocionada, me explicó que ella se crió allí en el orfanato que había antes, ya que sus padres la abandonaron al nacer. Su voz y la manera como nos miró me hizo entender que en todos los años que ha pasado allí ha tenido poquísimas visitas.