Estas dos últimas semanas no he escrito casi nada ya que he tenido sendas visitas de las que cuidar (y además durmiendo en la sala de estar/comedor que también sirve de doble oficina, poco espacio personal me quedaba). La última se marchó ayer dejando un halo de melancolía al pasar por la puerta, después de cuatro días de buen humor y canturreos a todas horas. En esta vida transatlántica mía en la que las amistades se han forjado en la ausencia y en la que a menudo la enormidad de las distancias pesa en el alma, estos días de espacios y presencias compartidas han sido como un día de sol después de un largo invierno.
Durante uno de los paseos turísticos a los que me he dedicado estos días, nos entretuvimos fotografiando un callejón que está totalmente cubierto de murales de varios artistas. El callejón, que está en el barrio bohemio de la Misión, se llama Clarion y es realmente impresionante. Uno de los murales recogía un poema de Daisy Zamora, una escritora nicaragüense que desconocía, tanto en el idioma original como en traducción al inglés y al árabe. Me pareció precioso y me dejó pensativa un rato:

Cuando regresemos a nuestra antigua tierra
que nunca conocimos
y platiquemos de todas esas cosas
que nunca han sucedido
caminaremos llevando de la mano niños
que nunca han existido
escucharemos sus voces y viviremos
esa vida de la que tanto hablamos
y nunca hemos vivido

Más fotos del callejón de los murales aquí.
el callejón de los murales

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