Mi plan inicial era pasar un mes en San Francisco con mis amigos, pero como pasar demasiado tiempo con una pareja que vive en un mini-apartamento acaba resultando un tanto intrusivo para su intimidad, decidí pasar mi última semana en Estados Unidos visitando el Gran Cañón del Colorado. A sólo una hora y cuarto en avión desde San Francisco, al norte del estado de Arizona, no podía dejar pasar la oportunidad de ver uno de los lugares más impresionantes del planeta.

Es inútil intentar describirlo con palabras, ya que ni siquiera las fotos le hacen justicia. Así que simplemente diré que me dejó boquiabierta. Fue como si hubiera llegado al final de algún camino, de alguna búsqueda, como la culminación de algo. No en vano en las tiendas para turistas de por allí vendían camisetas con la frase Not all those who wander are lost (No todos los que deambulan están perdidos), que mencioné en un post reciente hablando sobre el viajar y la búsqueda de un rumbo.

Pero lo cierto es que no encontré nada allí, no sentí ninguna revelación divina, simplemente lo disfruté como un momento de gran intensidad sensorial, con la clara consciencia de encontrarme ante uno de esas experiencias que te depara la vida de extrema belleza y serenidad.

Sólo por verlo ya vale la pena ir a Estados Unidos, amigos. Así que para los que estén pensando en ir, no lo dudéis. Y para más datos os dejo el enlace de la página web oficial del parque nacional, y también este documento en español con toda la información práctica necesaria, mapas, etc.

el Gran Cañón del Colorado, donde van a perderse los que no están perdidos

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