Tal como véreis en la sección de enlaces, hay bastantes blogs que me gusta visitar de vez en cuando, y algunos incluso con cierta frecuencia. Y aunque todos tienen algo que me hace volver y continuar leyéndolos, seguramente al que más apego le tengo y con el que más coincido es Los papeles de Boris, aguda crónica del desarraigo y del ser y/o sentirse extranjero en todas partes.

El autor de este blog, que trabaja como intérprete ocasional de inmigrantes que se han hecho arrestar en Barcelona, últimamente ha publicado una serie de testimonios de extranjeros de varios países que viven en Barcelona y que hablan precisamente de su experiencia como extranjeros allí. Y me llamó mucho la atención el post que recogía el comentario de un senegalés sobre los inmigrantes africanos, que os reproduzco aquÍ:

Son gente desesperada y muchos sacan provecho de ellos. Aquí están pasando hambre, duermen en la calle y para ganar algo de dinero se meten en líos. En África estarían mejor. Allí por lo menos hay solidaridad entre la gente. Aunque no hay dinero la comida nunca te va a faltar, y si no tienes nada para comer seguro que alguien te invitará. Pero estos chavales (que llegan en cayucos) no viene aquí por el hambre, vienen por el lujo. Quieren triunfar, ser como Eto’o. Tener coches, casas, mujeres… Pero cuando llegan aquí ven que no van a tener nada de esto, y ahora muchos de ellos quieren volver. (…) antes de embarcarse en un cayuco deberían saber que el único lujo que les espera en su viaje es el de vivir.

Estoy totalmente de acuerdo en que los africanos que quieren emigrar a Europa tienen una idea muy equivocada de lo que van a encontrar allí, y de que cuando llegan se llevan una decepción monumental. Pero no estoy del todo de acuerdo con que en África estarían mejor, y que allí haya más solidaridad entre la gente. Evidentemente África es muy grande, y Senegal no es lo mismo que Congo, pero por lo que yo he visto en este año y medio que llevo en el continente estas dos frases se tendrían que puntualizar mucho. Aquí cada uno va por su cuenta, es la ley de la jungla, y esta solidaridad de la que habla el señor senegalés no la he visto mucho. Y es que en Congo, la guerra de 1998-2003 no sólo mató a casi 4 millones de personas de hambre, enfermedades y demás, sino que también destruyó el tejido social, la solidaridad y la compasión por el prójimo. Y a pesar de que el país está recupérandose, este tejido social va a tardar mucho en reconstruirse, pero es esencial para que el país salga adelante.

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