Desde que estoy en Congo me he encontrado varias veces en situaciones que me han demostrado empíricamente una cosa que ya sabía (y válgame el tópico): el mundo es un pañuelo. Y hoy os voy a contar una de ellas, que occurrió mientras estaba de vacaciones en la isla de Lamu, en Kenya.
Me encontraba yo paseando por el pequeño pueblo de Shela, en la isla de Lamu, y me perdí en las pequeñas callejuelas. Entonces le pregunté el camino a una mujer que en ese momento pasaba por allí, ella me lo indicó, y dando yo por supuesto de que se trataba de una lugareña, le pedí hacerle una foto ya que con su amplia sonrisa y su bebé a cuestas me pareció muy fotogénica. La foto la tenéis aquí abajo, así que podéis ver vosotros mismos lo guapa que es.
Casi un mes después de mis vacaciones, ya instalada en Bukavu, un domingo fui a una barbacoa al lado del lago Kivu. Allí me presentaron a Matteo, un italiano que trabaja desde hace tiempo en Bukavu, Y cúal fue mi sorpresa al cabo de unos minutos cuando me presentó a su esposa y su hijo: ¡se trataba de la misma mujer y del mismo bebé que yo había fotografiado en Lamu varias semanas antes! Y en realidad ella no era ni de Lamu ni de Kenya, sino de Burundi y se encontraba allí de vacaciones al igual que yo, esperando que su marido se reuniera con ella unos días más tarde desde el Congo.

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