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Aunque los libros, que costaban entre 1 y 5 dólares excepto el domingo que costaban todos 1$, estaban en mesas distintas según el género (novela, ensayo, idiomas, cocina, etc), estaban colocados de manera bastante aleatoria y había que excavar bien cual intrépido arquéologo para encontrar cosas interesantes. Lo que le daba un cierto valor añadido de tesoro a la compra..
Entre los nuevos integrantes de mi creciente y heterogénea biblioteca (como este blog mismo) se encontraba una historia de internet y un libro para aprender a programar en html (cada vez estoy más metida en el mundo web), dos libros sobre la India (me encantaría volver), una guía de las escaleras de San Francisco (con tantas cuestas, hay muchas), el corazón de las tinieblas (ya sé que es cortito pero, qué queréis que os diga, nunca me lo he acabado de leer), un pequeño diccionario de swahili (ilusa optimista que soy, aún no pierdo la esperanza de aprender nuevas lenguas), la saga de Peter Mayle sobre la Provenza francesa (mis padres llevan años recomendándomela), una historia del País Vasco (una que es ignorante en el tema y quiere ilustrarse) y un libro sobre Kosovo que hacía tiempo que quería comprar. El cual, por cierto, es del mismo autor (Noel Malcolm) de otro libro que leí hace tiempo sobre Bosnia que es buenísimo. Lo digo para los fans de los Balcanes que tiene este blog, que las estadísticas me dicen que no son pocos (recomendaría más libros sobre el tema, pero es que muchos de los buenos no están traducidos al español, una lástima).