Después de la visita de Kofi Annan en marzo, estos días es el subsecretario general encargado de la coordinación de la ayuda humanitaria de la ONU, Jan Egeland, el que está visitando la RDC. Concretamente, ha visitado Kinshasa, la provincia de Katanga, la del Sud Kivu, y en estos momentos se encuentra en Ituri hasta mañana, donde continuará su viaje en Uganda.
Ayer tuve la ocasión de conocerlo durante la visita que hizo a un pueblo llamado Luhago, a unos 85 km al oeste de Bukavu. Este pueblo se encuentra en medio de las montañas en una zona llamada Nindja que es conocida por ser un nido de combatientes hutu-ruandeses que tienen aterrorizada a la población desde hace 8 años.
A causa de la geografía del lugar, y de la proximidad del Parque Nacional de Kahuzi-Biega que es una enorme jungla, es muy difícil defenderse de estos grupos armados que poblan la región, y mucho menos deshacerse de ellos. Por esta razón la población se desplaza frecuentemente para evitar los ataques, y pues en Luhago hay varios campos de desplazados. Y uno de ellos fue a visitarlo Jan Egeland, seguido del centro de salud local. La foto de arriba, concretamente, fue tomada en uno el campo en cuestión, donde se paró a hablar con una mujer desplazada viuda (a la izquierda) cuyo marido fue asesinado por los combatientes y que vive allí con sus hijos.
De vuelta a Bukavu, después de su visita a Luhago, Jan Egeland declaró:

La impunidad es un auténtico cáncer que está decimando a la población congoleña; hoy, cualquier hombre armado tiene el poder de aterrorizar a los civiles sin miedo a ninguna sanción”.

Y cuánta razón tiene. La ayuda humanitaria es necesaria en Congo, pero lo que de verdad necesita este país es un ejército que haga su trabajo y un sistema judicial que funcione.
Debo decir que Jan Egeland me impresionó, como persona y como subsecretario general. Demasiados personajes con cargos importantes en las agencias humanitarias no quieren acercarse ni por asomo a los pueblos perdidos como Luhago donde la gente sencilla sufre en silencio, y demasiados se preocupan más por la imagen de la organización en la que trabajan que en los destinatarios del trabajo que hacen.
Jan Egeland escuchó realmente lo que los desplazados o las mujeres víctimas de violencia sexual tenían que contarle, y durante el tiempo que fue necesario, y en sus reuniones con las autoridades (provinciales y estatales) no se cortó ni un pelo. Y es que a los que sufren las palabras en vano les sirven de bien poco.
el subsecretario general Jan Egeland nos visita

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