(Esto de no poder subir fotos al blog me está matando, malditos cibercafés…)
El fin de semana lo pasé en casa durmiendo, leyendo o escribiendo. En silencio. Y es que había olvidado ya el placer del silencio, de poder oir tus propios pensamientos, tus latidos. Pararte y observar el tiempo. Cerrar los ojos y dormir un sueño profundo, blanco.
No solo eché de menos el silencio, sino muchas otras cosas, me doy cuenta cada día más. Y también echo de menos cosas de allí.
Muchas cosas pequeñas, como el olor de las frutas maduras o los colores vistosos. Aquí todo es oscuro, gris, marrón, negro.
El orden. Los semáforos, el transporte público, las reglas y los horarios. Todo sigue una pauta y sabes qué puedes esperar de cada cosa y cada situación.
El frío. Envolverme en mi larguísima bufanda de lana blanca, enrollada varias veces alrededor del cuello y mi nariz calentita debajo. El gorro tapándome las orejas, y las manos en los bolsillos, un caramelo en uno y las llaves de casa en el otro. Qué gusto pasear por las calles ahí debajo, como una tortuga en su caparazón, protegida y sin ser reconocida.
Y al pasear por las calles nadie si fija en mí. Nadie viene a pedirme cosas o a contarme alguna historia, ni siquiera nadie me mira. El placer del anonimato, de pasar horas sin cruzar palabra con nadie. Casi invisible.
La música. El baile. Lo público y lo privado. Sabes dónde encontrar ésto o aquéllo, dónde comprar, dónde tomar una copa o dónde bailar.
En el Congo puedes hacer de todo en cualquier parte, de cualquier manera y a cualquier hora. Para bien o para mal.
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7 Comments until now
con esa larguisima bufanda, enrollada varias veces alrededor del cuello y el gorro no hay quien te reconozca, ni en el congo!
noto un toquecillo de melancolía, hmm? a veeer, que decía el maestro marcio faraco, eh? “hay dos errores que uno no debe…”
broma, broma. disfruta de tu barcelona, benvinguda a casa!
¡Me encanta! Sería necesario salir a la calle todos los días como un recién llegado. Un poco como estás haciendo tú ahora. O como haría yo si me fuera al Congo.
La melancolía es un aditivo natural, incoloro e inodoro, que realza el sabor de los días, y no tiene efectos secundarios.
Elia, benvinguda. Cada lloc té aquelles coses que fan que ho estimem. I també té aquelles coses que fan que no ens hi trobem bé. Tens la sort de poder viure-ho tot. Bona entrada d’any! I enyorar també és bonic, no?
¡Que feliz Navidad y todo eso! También siento que no puedas subir fotos estos días, porque tengo muchas ganas de disfrutar de tu sensibilidad con el ojo puesto en tu tierra natal.
es lo que hay. Aunque después de lo que te he leido estoy por irme al congo, prefiero dejarme comer por mosquitos tigre a los dias grises. ¿Me llevas?
Feliz 2006, corazón, sé feliz y haz muchas fotos.
¡Muchas gracias y Feliz 2006 a todos!
Todo lo demás, lo entiendo; pero sentir nostalgia del frio…
Que tengas un año muy feliz!