Desde que me mudé a este país noté una cierta obsesión por la granada, considerada como una “superfruta” con montones de cualidades benéficas para la salud ya que contiene antioxidantes, calcio, magnesio, vitaminas de todo tipo y además es diurética y va bien para el estreñimiento. Durante mi infancia en mi casa comíamos bastante a menudo granadas como postre, rociadas con poco de moscatell y incluso zumo de naranja, y aunque me gustaba su sabor siempre pensé que era demasiado engorro limpiar las pepitas para tan poco disfrute.
Sin embargo aquí las granadas se venden a precios astronómicos (algo así como 10 dólares el kilo), y muchos restaurantes añaden vinagretas o cualquier chorrada a base de granadas a los platos para darles más pedigrí. Al principio me llamó mucho la atención la diferencia de status de las granadas aquí o en España, y como el hecho de usarlas como ingrediente en cualquier producto automáticamente lo convertía en más deseable y más caro. También me llamó la atención la cantidad de cosas no solo hechas a base de granadas por lo buenas que son por la salud (como tés o zumos de granada) sino las que usan simplemente el nombre para vender, como por ejemplo un champú de granada, o una marca de postales artísticas llamada Pomegranate, granada en inglés.
Pero el mejor ejemplo de aprovechamiento de esta granadamanía americana es una reciente campaña publicitaria viral llamada que supuestamente vende un Pomegranate Phone (Móvil Granada) que hace de todo: traduce a 50 idiomas, hace café, tiene una harmónica, sirve para afeitarse, etc. En realidad anuncia otra cosa, pero el hecho de que decidieran llamar Granada al producto falso demuestra lo deseable que es esta fruta en la mente de los consumidores actuales. Será que en España no apreciamos las granadas lo suficiente…
granadamanía

No related posts.