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No en vano el director del corto, Javier Fesser, confiesa que “era fácil intuir que haciendo una película a medias con un buen puñado de niños de una aldea perdida en el África Subsahariana íbamos a aprender más nosotros que ellos. Pero nadie hubiera imaginado tanto. Ni tan hermoso. Ni tan útil. Ni tan imprescindible”..
La película se filmó en una zona rural de Senegal, y retrata muy bien el ritmo de vida y manera de ser de la gente de la aldea donde vive Binta, que podría ser cualquiera en África, todo narrado por la voz en off de una niña de 7 años, Binta. Es una película muy sensorial, llena de detalles descriptivos que hacen impregnar de África al espectador (como la risa contagiosa del sub-prefecto de la aldea cuando el padre de Binta le presenta su idea), pero que también tiene un hilo conductor muy bien pensado y muy bien escrito. El resultado es una película de esas que se te agarran dentro a la vez que te hacen reflexionar, y que de alguna manera de devuelven la fe en la humanidad. No apta para cínicos..
Qué más puedo decir, miradla y disfrutadla..
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