El lunes me marché a Ruanda por trabajo y no he vuelto hasta esta tarde, por lo que no he podido escribir nada sobre la tensa espera de los resultados de la 2a vuelta de las elecciones, y del anuncio por anticipado de la Comisión Electoral Independiente (CEI) del miércoles por la noche que dio a Joseph Kabila como ganador de estas tortuosas primeras elecciones en la República Democrática del Congo.
El 58% de los votos han ido a parar a Joseph Kabila y el 42% a Jean-Pierre Bemba, que había obtenido un 20% en la primera vuelta. Estos resultados provisionales han sido rechazados por Bemba, como no, que han introducido un recurso a la Corte Suprema de Justicia, la cual tendrá que pronunciarse sobre los resultados definitivos dentro de una semana. Bemba ha declarado que no acepta estos resultados y ha presentado el recurso porque sabe que ha habido fraude en los sufragios, pero que va a seguir las vías legales para que se le haga justicia. Sin embargo sus seguidores más fervientes, que ya demostraron hace una semana y en otras ocasiones anteriores que la moderación no es su cualidad principal, han declarado que van a utilizar usar todos los medios posibles (incluso la fuerza) para demostrar que Bemba es el verdadero ganador.
A pesar de tales declaraciones de los seguidores de Bemba, de momento la calma reina en todo el país. En los sitios con mayoría de seguidores de Kabila, como es el caso de Bukavu, el jueves las calles quedaron paralizadas por la que salió a celebrar la victoria de su candidato. En los sitios con mayoría de seguidores de Bemba, como algunos barrios de Kinshasa, a pesar de los miedos de la comunidad internacional, todo está tranquilo.
Tal como he dicho en otras ocasiones, es muy difícil instaurar la democracia en países donde no existe ni un ápice de cultura democrática. Para muchos la democracia se identifica con la celebración de elecciones, pero en realidad va mucho más allá de esta concepción instrumentalista. Una de las cosas que definen una democracia es una oposición fuerte y saludable, concepto que muchos países africanos como Congo no aceptan. Nadie quiere ser el perdedor del juego democrático y no poder comerse su parte del pastel, sobretodo cuando el pastel es tan grande como éste, “como 4 Españas” en palabras de El País. Y en el caso de Bemba, además, está su interés por acogerse a la inmunidad diplomática de la que disfruta cualquier jefe de Estado, para así evitar ser juzgado por crímenes de guerra y contra la humanidad por la Corte Penal Internacional.
La gran pregunta que todos nos hacemos estos días es ¿va a funcionar la democracia en el Congo en el futuro inmediato?
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