Leo en la web de la BBC que una nueva ola de violencia estalló ayer en Kinshasa, y enseguida me viene a la cabeza el cuento lleno de ventajas de Lucía y el sexo, que cuando llega al final cae por un agujero y no se acaba, sino que reaparece en mitad del cuento. Kinshasa ha vuelto a caer en ese agujero como ese cuento, sólo que sin las ventajas.
Luego leo en la web de El País que la embajada española, que se encuentra en la avenida principal de Kinshasa en la zona caliente de los tiroteos, tuvo que ser evacuada al recibir el impacto de un obús.
Después de leer estas noticia me voy inmediatamente a ver los blogs de los pocos amigos y conocidos que aún quedan en Kinshasa y que se han encontrado una vez más en medio del meollo. Y es que, una vez más, el antiguo vicepresidente Jean-Pierre Bemba (que perdió las pasadas elecciones presidenciales a favor de Joseph Kabila), se ha negado a desarmar su guardia personal (la misma que causó otros tiroteos memorables en agosto y en noviembre del año pasado), alegando que aún no se siente seguro del todo:
-Fred, que justo acababa de volver de vacaciones y que vive al lado de la residencia de Bemba, ha tenido el dudoso honor de asistir a los tiroteos en primera fila. Para demostrarlo, ha colgado un escalofriante fichero de sonido en su post de ayer de lo que se oía desde su casa.
-Kate explica que el tiroteo la pilló en casa de unos amigos, pero por lo menos tenían cerveza.
-Congogirl, se quedó atrapada en su oficina sin apenas comida ni cepillo de dientes.
Todos enfatizan la sensación de déjà vu y de cansancio. ¿Hasta cuando va a continuar cayendo en un agujero este cuento?
Actualización 28/03: La embajada española volvió a abrir sus puertas ayer después del susto.
Kinshasa o el cuento que nunca se acaba

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