la muerte tenía un precio

Nada más llegar a Kinshasa me alojé en una gran casa con piscina donde había dos “asistentas” (personas que hacían las tareas de la casa). Por razones de seguridad tuvimos que mudarnos de allí y mis compañeros de piso se llevaron a una de las asistentas con ellos y yo me llevé a la otra a mi nuevo apartamento.

Se llamaba Geneviève, viuda y madre de 4 hijos, muy beata y entregada a su familia (es la de la derecha en la foto). Como su hermano se había quedado sin trabajo hacía meses, la familia de él vivía con la de ella en una pequeña casa de ladrillos en un barrio popular de la ciudad, en una callejuela sin asfaltar llena de gente y de gallinas. Con el sueldo de Geneviève (150 dólares al mes) vivían ella y sus 4 hijos, su hermano, su mujer y sus 3 hijos, 9 personas en total. Ella era pues el puntal de la casa y la familia.

Geneviève, ya de antes de conocerla yo, tenía graves problemas de salud. Nunca llegué a saber exactamente lo que le pasaba ya que ella no sabía explicarlo muy bien, pero era algo relacionado con los riñones. Lo que sí sé es que necesitaba operarse para arreglar el problema, pero la operación costaba cara. Por esa razón mis compañeros de piso y yo le dimos dinero varias veces para la operación, y le encontramos un trabajo a su hijo mayor. Pero los meses pasaban y nunca se hizo la operación porque ella siempre prefería utilizar el dinero para otras cosas para la familia que consideraba más importantes.

En noviembre me mudé de piso por enésima vez y ella se quedó a trabajar con mi último compañero de piso, y no volví a saber de ella hasta la semana pasada cuando me llamó su hijo para decirme que había fallecido en el hospital. Toda la familia estaba desolada no sólo por haber perdido a una madre, sino también su sustento y única fuente de ingresos.
Lógicamente, le pregunté cuando sería el entierro. El martes o el miércoles, contestó, dependiendo de cuando consiguieran reunir el dinero para sacar el cuerpo del hospital. Entonces, pensando que no sería mucho ya que Geneviève sólo había pasado una noche en el hospital y la operación no se había realizado, me ofrecí a pagar la factura. Cual fue mi sorpresa al descubrir que la factura en cuestión ascendía a 700 dólares. En caso de no pagarla el cuerpo sería enterrado en una fosa común. Razón por la cual todas las familias, por pobres que sean, se esfuerzan en encontrar el dinero como sea, o tomarlo prestado como sea, para poder enterrar a sus seres queridos con dignidad. Menudo chantaje el de los hospitales -y menudo negocio con la muerte de los demás.

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