Nunca me han gustado los edificios que intentan parecer antiguos sin serlo, como por ejemplo la arquitectura neogótica. Por esa razón la catedral que tengo al lado de casa, Grace Cathedral, nunca me ha llamado la atención aunque es una de las más grandes de San Francisco. Hasta que el domingo pasado, haciendo un poco de ejercicio por las colinas de Nob Hill, decidí pararme a echar un vistazo por primera vez.

Sede de la Iglesia Episcopal de la Bahía de San Francisco, fue acabada de construir en 1964 sobre los fundamentos de una iglesia del mismo nombre que destruida por el terremoto del 1906. Se diseñó a imagen y semejanza de Notre Dame de Paris, aunque si no lo hubiera leído en una guía no sé si me habría dado cuenta. Por si copiar el Gótico francés no fuera bastante, los arquitectos de Grace Cathedral también decidieron copiar al Renacimiento italiano, colocando en la entrada principal una réplica de la famosa Puerta del Paraíso de Lorenzo Ghiberti concebida originalmente para el Baptisterio de Florencia.

Sin embargo, después de mi visita del otro día me di cuenta de que lo más interesante de la catedral no es ni su arquitectura pseudo-majestuosa ni su dorada puerta falsa que para cualquier europeo francamente no justifican su visita. Para mí, lo mejor de la catedral es el laberinto en el suelo de los jardines del recinto. Se trata, de nuevo, de una copia de otro laberinto más famoso que hay en la catedral de Chartres que data del 1205. Aunque hay otro exactamente igual en el interior de la catedral nada más entrar, éste me parece ideal para hacer un poco de ejercicio al aire libre, yoga, meditación o simplemente descansar la mente durante un rato.

Otro elemento insólito de la catedral, que desconocía completamente y que justificaría una visita, es el retablo diseñado por Keith Haring que hay en la capilla interreligiosa dedicada a las víctimas del VIH. Haring, que se hizo famoso en los años 1980s por sus dibujos y murales en las paredes de Nueva York, acabó esta obra inusual en su carrera apenas dos semanas antes de morir en 1990 de sida. Hecho de bronce cubierto de láminas de oro y con un título inequívocamente religioso (La vida de Cristo), es sin lugar a dudas uno de los pocos ejemplos de arte pop que puede encontrarse dentro de una iglesia. Un raro encuentro entre la cultura callejera con el arte religioso.

laberintos medievales y retablo pop

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