Después de pasar mucho calor durante varias semanas en la costa de Croacia, llegar a Eslovenia me pareció el paraíso con sus montañas y sus praderas siempre verdes, y con mejores infraestructuras y servicios que contrastaban con las de su queridos país vecino (como mencionar sólo un ejemplo, mientras me encontraba en un pueblo en el norte del país tuve que ir al ambulatorio y quedé boquiabierta: moderno, bien equipado y con médicos que hablaban inglés. Sobra decir que me atendieron la mar de bien).
Además de todo esto, durante los días que estuve en Ljubljana estuvo lloviendo e hizo un tiempo más primaveral que veraniego, ideal para pasear por la ciudad sin sudar como un tocino o sentarse a tomar algo en cualquier bar relajadamente.
Fue mi tercera visita a Ljubljana y aún me gustó más que las veces anteriores, a pesar de visitarla esta vez en temporada alta. Como es una capital pequeñita y no tiene playa ni lago, pues hay turistas pero no tantos com en la costa y la mayoría de paso, que sólo se quedan un día o como mucho dos en la ciudad. Así que nunca se tiene esas sensación de ganado ni de estar en un parque temático, sino que se está muy tranquilo.
Lo que más me gusta de Ljubljana son las terrazas de los cafés que pueblan las orillas del río Ljubljanica (muy originales con los nombres no son estos eslovenos), y el ritmo relajado que se respira en la ciudad a pesar de tener también un cierto aire austríaco de orden y pulcritud.
La primera vez que estuve en Ljubljana pasé allí dos semanas, así que tuve ocasión de probar casi todos los cafés con terraza. Sin ninguna duda mi favorito es Čajna Hiša (la Casa del Té), que tiene una interminable carta de tés e infusiones además de deliciosas ensaladas y bocadillos. Y es que a pesar de que en general en Eslovenia el café es bueno (supongo que por influencia de cafés austríacos), los tés de Čajna Hiša son simplemente irresistibles.
No dejéis de visitar Ljubljana y Eslovenia.
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