El otro día dije que me daba pereza hablar de las elecciones americanas y lo cierto es que también me da pereza hablar de las elecciones españolas, aunque por distintos motivos. Rajoy me parece sumamente cargante y Zapatero un verdadero Sosoman. Y además los dos candidatos son unos impresentables ya no sólo en política nacional, sino también internacional. ¿Donde se ha visto un presidente del gobierno que tras 4 años en el poder aún no hable inglés?

Sin embargo, votar es un derecho pero también una obligación moral hacia los países no tan afortunados de tener gobiernos democráticos que les permitan ejercerlo. Entonces ¿qué hacer ante el hastío por la política española actual y el cansancio por las promesas vacías que caducan antes que un yogur? Algunos han estado llamando al voto en blanco como voto de protesta, pero desde aquí me gustaría sugerir otra opción mejor para los comicios de mañana: el voto nulo. Y no uno cualquiera, como el típico de meter más de una papeleta en el sobre, sino el voto nulo creativo. Hay tantas opciones como ciudadanos, pero para los que necesiten inspiración, el blog Pons Asinorum ofrece algunas ideas:

-El voto múltiple. En un sobre se mete media docena de papeletas, de distintos partidos políticos.
-El voto retro. Se usa una lista de elecciones anteriores. Exige disciplina por cuanto hay que almacenar las papeletas por lo menos cuatro años.
-El voto secreto. Se introduce una papeleta y se cierra el sobre con grapas, de tal forma que sea imposible abrir el sobre sin romper la papeleta. Es una especie de voto no-nulo-autorreferente que haría las delicias de los lógicos.
-El voto 2.0. Se rellena el sobre con una tarjeta que tenga un link a una página de Internet. Hay una probabilidad entre cien de que algún miembro de la mesa visite esa página y de hacerlo, si tenemos publicidad en nuestra página, hay otra probabilidad entre cien de que clickee en algún anuncio.
-El voto collage. Se recortan diversas papeletas y se pegan formando una sola. Si eres bueno con las artes plásticas podrías llegar a formar una que diera el pego. Si eres un cutre, por lo menos conseguirás que los miembros de la mesa se pringuen las manos de pegamento.
-El voto útil. Incluimos en el sobre una lista de teléfonos prácticos, como cerrajeros 24 horas.
-El voto ruso. Se incluyen dentro del sobre sucesivos sobres más pequeños, hasta que en el último se encuentra una papeleta en miniatura con las iniciales del candidatos votado: M.R. ó Z.P. u otros.
-El voto Ebay. En lugar de un voto se incluye un billete de cinco euros en el que habremos escrito un texto cualquiera, a ser posible reivindicativo. Por ejemplo “Voto por un mundo mejor” o “Un conservador es un hombre demasiado cobarde para luchar y demasiado gordo para huir”.
Con un poco de suerte el billete sale en las noticias y adquiere notoriedad. Políticos de todo el mundo muestran su interés por él, como símbolo de la democracia. Y entonces, es subastado en Ebay. En ese momento, con un detalle de genios aprovechamos para sacar réplicas exactas de ese mismo billete, que no serían copias sino originales al ser hechos por nosotros mismos. Inundamos Ebay con billetes de 5 euros autografiados, devaluando la moneda hasta el punto de que los billetes de 5 euros pasen a costar 4 euros o incluso menos.
-El voto a la enmienda. Se vota por cualquier partido político, pero con tachaduras en la lista, por ejemplo, no tiene por qué gustarnos el candidato nº6 de Izquierda Unida en Cuenca. Pues lo tachamos.
-El voto inmobiliario. Escribimos por detrás de nuestra papeleta un anuncio de venta de inmueble. Aumentamos el target de posibles clientes.
-El voto infantil. Escribimos de puño y letra la papeleta en una hoja de papel. Los artistas, que lo hagan imitando el original. Los manazas, que dejen a sus hijos hacerlo.
-El voto noble. Perdemos unas horas de escaneo y ordenador e imprimimos el voto exactamente igual que uno original, solo que con papel de máxima calidad.
-Un hombre un voto. Otro montaje, solo que esta vez cambiamos todos los nombres de la lista por el nuestro repetido tantas veces como sea necesario. Mejor si usamos el nombre de un vecino, de esos cabronazos que no tiran el vidrio al contenedor adecuado.

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