Cómo decía en el post anterior, el día de Reyes me fui a Sevilla con una amiga de Barcelona a visitar a su hermana que vive allí desde hace algunos meses. Y nos encantó, fue una buena sorpresa tras otra. Empezando por el tiempo, un sol de lo más agradable que para nada parecía de enero.

Aunque hubo muchas cosas, la que más me gustó, válgame el tópico, fueron los naranjos por todas partes. Rebosantes de naranjas gorditas y de color naranja intenso (parece una redundancia, pero es que en Congo las naranjas eran de color verde, aunque fueran maduras). Y no sólo en las calles del casco antiguo, delante de las casitas blancas de postal, sinó también en los barrios periféricos y en las calles feas, en cualquier sitio. Y como no, dentro de las casas. Y es que todas las casas que vi tenían patios interiores preciosos, y azulejos de colores en las paredes de la entrada. Y yo que pensaba que los naranjos y los azulejos eran sólo tópicos y que sólo salían en los poemas o en las guías turísticas…

Las naranjas de las calles tenían tan buena pinta, que me sorprendió que nadie las recogiera y se las llevara a casa para hacer ricos zumos como los que encuentras en cualquier bar, pero según me contaron son demasiado amargas para comerlas. También me contaron que antes había una empresa inglesa subvencionada por el ayuntamiento de Sevilla que recogía las naranjas de las vías públicas y hacían mermelada amarga, pero ahora, nadie sabe muy bien por qué, las naranjas se pudren en las aceras, creando una lámina pegajosa en las calles que no es nada agradable al caminar.

Otro aparente tópico que resultó ser verdad fue la costumbre de tomar jamón con tinto o cruzcampo a todas horas, y tapas buenísimas. Al contrario que los bares de tapas en Barcelona, ninguno forma parte de franquicias y la mayoría están llenos de sevillanos y no de turistas (supongo que en verano debe ser otra cosa). Además, los domingos y los días de fiesta la gente tiene la costumbre de salir a tomar el aperitivo fuera de casa, y como parece que los mejores bares de tapas son los más pequeños, pues la gente se los toma en medio de la calle, y es lo más normal del mundo. El domingo que estuve allí estuvimos en uno delante del cual había al menos cien personas de pie ocupando todo el ancho de la calle, tomando sus vinos tan ricamente despreocupadas del tráfico.
En los restaurantes más populares donde la gente se sienta en lugar de comer en la calle, normalmente tienen una pizarra al lado de la puerta donde la gente escribe su nombre para saber su turno, una costumbre que no he visto en ningún sitio de Barcelona (corregidme si me equivoco) y que no vendría nada mal implantar en muchos sitios.

Observación curiosa de mi amiga y que pude corroborar: parece que es moda entre los sevillanos adinerados de llevar el pelo un poco larguito y con mucha gomina, y en algunos casos también patillas más largas de lo normal, en una especie de look macarra-pijo muy interesante.

Ah, casi se me olvidaba: he viajado mucho con Ryanair y otras compañías de bajo coste, pero ésta fue mi primera vez con Vueling y resultó ser una sorpresa agradable más. Billete barato, servicio impecable, máxima puntualidad, durante el vuelo el periódico del día y revistas de tendencias o de cine, además de un episodio de Friends y uno de Los Simpsons… ¿qué más se puede pedir? Soy ya una fan.

los naranjos de Sevilla

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