Lo confieso públicamente: me gusta Quim Monzó. Me gusta mucho. Desde hace tiempo y cada día más.
La primera vez que leí algo suyo fue en ¡5º de EGB! Leímos en clase un fragmento de un relato corto suyo titulado Uf, va dir ell que había en el libro de texto de lengua catalana, y recuerdo que no me gustó nada. Pero poco después me enganché a sus monólogos de perogrullo en ese genial programa de TV3 de los 1990′s que era Persones Humanes (como por ejemplo éste sobre la realeza que le trajo muchos problemas).
Como mi familia compra cada día La Vanguardia, desde que empezó a escribir su columna hace unos años la he estado leyendo religiosamente, incluso viviendo fuera de España. Y no a través de internet, no, sino en versión papel gracias a un ritual que mi padre inició cuando empecé a vivir en el extranjero. Como para consultar su columna en versión digital hay que ser suscriptor y la página web tarda mucho en cargarse (ojo al dato, webmaster(s) de La Vanguardia: ¡es un engorro!), pues mi querido padre se dedica varias veces a la semana a recortar las columnas del señor Monzó y las guarda en un armario durante meses con una pinza de tender la ropa, hasta que vengo por Navidad o en verano y me las leo todas de un tirón.
Cada vez que vengo a casa de visita, leer la pila de artículos de Quim Monzó que me tiene guardados mi padre me da una alegría y añade un aliciente más a mi estancia. Esta vez, por ejemplo, me encontré con un botín considerable de artículos, ya que se remontaban hasta agosto pasado. Y, si cabe, me han gustado aún más que los del año pasado. Como decía al principio, Monzó con los años cada vez me gusta más. Y no porque su escritura haya mejorado con el tiempo como un buen vino, ni nada de eso. Sino porque cada vez tiene más mala leche y se anda con menos rodeos para decir lo que piensa y criticar a quien haga falta. Pero con estilo, eso sí.
Me encanta sobretodo cuando se mete con los taxistas y los camareros (por groseros), con los turistas (por ubicuos y borreguiles), con los políticos (por hipócritas y mentirosos), con los periodistas (por ignorantes y perezosos) o con los papanatas (por su papanatismo). Sin embargo, a veces me da un poco de rabia que cada vez que vengo y leo los artículos acumulados hayan varias reflexiones sobre varios temas casi idénticas a las mías pero infinitamente mejor expresadas. Y es que con Monzó no se puede competir.
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3 Comments until now
Estuvo en Bilbao en la feria del libro, una pena que fuera por la mañana.Yo he leido sus cuentos y el discurso de la feria de Francfort.¿Que opinas de Silvia Tarragona?
Un dato: el pasado 5 de junio Quim Monzó vino a Figueres a recibir el premio Maria Àngels Anglada, un premio que convoca el instituto Ramon Muntaner -el centro de enseñanza secundaria más antiguo de España- a la mejor obra narrativa publicada en catalán; el premio fue por su último libro Mil cretins El acto de entrega
fue magnífico y Monzó departió con tino e inteligencia sobre diversos temas. Memorable fue la entrevista que concedió al programa ISBN, programa de la televisión local Canal Nord.
Total, que nos gusta Monzó.
Hola, yo trato de descubrir un enigma amigos, si podrían decirme cuál es el libro que abre Gregor que comienza: “Me he mudado, antes vivì en el hotel Duke…”