He contado que desde mi época de estudiante, durante los últimos 10 años, he vivido en nada más ni nada menos que en 21 casas o pisos distintos (3 en Barcelona, 5 en Praga, 3 en Sarajevo, 6 en Kinshasa, 1 en Bukavu y un par de estancias cortas en otros lugares). Después de tantas mudanzas lógicamente he acabado un poco harta de arrastrar la mitad de mis cosas de un lado a otro y de tener la otra mitad en casa de mis padres.

Por eso finalmente, en un arrebato de sensatez seguramente producido por la edad (ay), he decidido tener un domicilio fijo. Así que hace un poco más de una semana volví a San Francisco y decidí quedarme de manera más o menos permanente. Aún no tengo trabajo, pero de momento estoy encantada (ya veremos por cuánto tiempo van a durar mis ansias de estabilidad).

Por cierto, la foto del escenario californiano que ilustra este post es de las fiestas de Gràcia de Barcelona durante las cuales las calles del barrio compiten por conseguir el premio a la mejor decoración.

¡me he mudado a San Francisco!

Related posts: