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Cuando me acababa de mudar aquí me di cuenta de que en las ciudades no hay absolutamente nadie que tienda la ropa, sino que todo el mundo usa secadoras. Primero pensé que era por la desoladora falta de balcones en la arquitectura urbana americana, pero enseguida me di cuenta de que era algo cultural. Por ejemplo, si no fuera por el Ikea, me habría costado un huevo encontrar el típico tendedero plegable que en España hay en cada casa, y las pocas veces que alguna visita lo ha visto en acción ha causado gran sorpresa. Pero en los barrios residenciales de los suburbios o en los pueblos y ciudades pequeñas donde todo el mundo tiene jardín, la situación es más o menos la misma. Es muy poco habitual ver ropa tendida en ningún lugar, ni que sea en medio del desierto de Arizona a 40 grados a la sombra..
Esta fobia a la ropa tendida incluso en barrios con amplios patios y jardines y vallas entre casa y casa, e incluso en zonas de clima caluroso como California, me ha parecido siempre una incongruencia incomprensible e inaceptable. Este artículo del Wall Street Journal explica que en la América de la posguerra los elecrodomésticos fueron abrazados como símbolo de progreso y clase media, y tender la ropa al sol da la impresión de pobre, de no poder permitirse tener una secadora, y por lo tanto devalúa el vecindario. Porque nadie quiere tener vecinos pobres que den mala imagen al barrio..
Aunque las secadoras representan el 6% del total de la energía eléctrica consumida en un hogar americano (un poco menos que las neveras, que están encendidas a todas horas), nada más ni nada menos que 60 millones de personas viven bajo las dictatoriales reglas de más de 300.000 asociaciones de vecinos llamadas Homeowners Associations, y casi todas prohíben secar la colada al sol entre otras cosas (como por ejemplo los colores permitidos para pintar la fachada o la puerta del garaje). Y es que el principal objetivo de estas asociaciones es velar por la harmonía del barrio, sobretodo para que no baje el valor de la propiedad..
Pues bien, parecer ser que cada vez hay más gente cansada de la absurda tiranía de estas asociaciones y hace un par de años ha cobrado fuerza un movimiento de gente con sentido común llamado Right to Dry (derecho a secar), abogando por el retorno a la tradicional colada al sol. La razón principal para apoyar el movimiento es obvia, ahorrar energía innecesaria. Pero en la web ofrecen unas cuantas razones más por si a alguien no le pareciese suficiente el beneficio económico y medioambiental del ahorro de energía. Las que me ha hecho más gracia han sido: consituye un ejercicio físico moderado y es una experiencia al aire libre que es meditativa y refuerza la comunidad. Ya lo sabéis, para qué ir al gimnasio o a hacer yoga cuando simplemente podéis salir a la terraza a tender la ropa..
Una de las geniales campañas actuales del movimiento Right to Dry está intentando convencer a la Casa Blanca para que cuelgue un tendedero exterior en sus jardines, para (cito textualmente):Dar un mensaje a nuestra nación y al mundo de que secar la ropa en tendederos es patriótico, bello y tendría que ser fomentado cuando y donde sea posible, ayudando a eliminar los estatutos comunitarios y regulaciones que prohíben los tendederos
