Hace algunos meses ya hablé de la Coca-Cola en este blog, como paradigma de que los intereses comerciales son capaces de franquear todos los obstáculos imaginables para llegar a los lugares más recónditos. Y en conclusión decía que cuando en un sitio no hay Coca-Cola es que las cosas van realmente mal.

Durante la última semana, viajando por Uganda y Tanzania, dos de los países más turísticos de África (al menos este último) pude constatar con alivio que las cosas les iban de maravilla pues la Coca-Cola estaba presente en cantidad en todas partes, incluso en el chiringuito más apartado de su geografía. Y es que al no ser una gran bebedora de café, acabo bebiendo Coca-Cola más a menudo de lo que debería con lo que su gran disponibilidad en África me resulta muy útil.
Pero lo que me llamó la atención en esos dos países fue la diversidad de formatos da pesar de ser vecinos. Si bien el formato estándar de las botellas individuales de Coca-Cola es de 33cl (y ése es el que se encuentra en la República Democrática del Congo), en Uganda observé que las botellas eran ligeramente más pequeñas, de 30cl, y en Tanzania ligeramente más grandes, 35cl. Y eso sin grandes variaciones de precio.

Y detallista que soy yo, me pregunto a qué será debido esto. ¿Es que hay países que necesitan dosis más elevadas que otros? ¿O países que tienen impuestos sobre la Coca-Cola más elevados que otros por lo que es necesario reducir el tamaño para no aumentar el coste?
Sigh, otro misterio más sin resolver en este continente…

misterios de la Coca-Cola en África

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