Ya comenté un día lo engorroso que resulta tener que guardar toneladas de monedas de cuarto de dólar cual buitre carroñera para ir a la lavandería o para usar el transporte público. Pues bien, aunque mi relación con las lavadoras comunitarias sigue siendo conflictiva, desde hacer un par de semanas mis costumbres autobuseras ya no requieren abultados monederos. Hay una tarjeta llamada Translink que se encuentra en período de pruebas que te permite cargarla como si fuera una tarjeta de débito (¿alguien se acuerda de las tarjetas monedero de las cajas?) y usarla en los autobuses y los tranvías de la red Muni simplemente pasándola por un lector de tarjetas como el que se ve a la izquierda de la foto de aquí abajo.

Desde que empecé a usar la tarjeta Translink estoy encantada de no tener que pensar en si llevo cambio suelto encima o no, y en cuanto se me acaba se me recarga automáticamente al haberla sincronizado con mi banco. Sin embargo hoy, al coger un autobús que no es de los que cojo habitualmente, se me ha ocurrido que con esta tarjeta se vuelve facilísimo controlar los movimientos de la gente. Y el día de mañana, si todo el mundo utiliza la tarjeta, los que gestionan Translink sabrán en cada momento qué personas se encuentran en cuál autobús y dónde. No sé exactamente si eso tendrá alguna utilidad, pero se me ha ocurrido que la anonimidad en el transporte público va camino de acabarse.

modernizando el monedero

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