Cuando vivía en Praga, uno de los mayores placeres hivernales era pasar las noches del fin de semana bebiendo cerveza checa con los amigos en una de las muchos hostinec o pivnice (fonda/taverna o cervecería) de la ciudad, acompañada de nakládaný Hermelín. Sin duda alguna, estos quesitos marinados con aceite, ajo y especias, son mi plato checo favorito. Y eso que tuve la oportunidad de probar todo tipo de especialidades culinarias checas.

Hermelín es la marca de un queso checo tipo Camembert pero en miniatura y mucho más barato, y nakládaný significa marinado. La receta es muy sencilla, pero como pasa con todas las recetas sencillas, cada persona a la que le pregunté detalles sobres su preparación me dio instrucciones ligeramente distintas. Y supongo que cada uno tiene su ingrediente secreto que le da su toque único. En los dos años y medios que pasé en Praga seguramente probé cientos de nakládaný Hermelín, cada uno con sus matices y personalidad propia. Mis favoritos absolutos eran el de U Černého vola i el de U vystřelenýho oka (de donde aún conservo orgullosa una camiseta con su logo).

En fin, el otro día, cuatro años desde la última vez que probé un nakládaný Hermelín en Praga, me entró la vena nostálgica y decidí a hacerme una serie de cuatro en casa. Obviamente, en lugar de quesos Hermelín tuve que usar una marca americana tipo Camembert cuya etiqueta lo definía como breakfast cheese (queso de desayuno). La receta, un tanto improvisada, fue la siguiente:

Preparación
-Se abren los quesos longitudinalmente.
-Se espolvorea la parte interior de los quesos con pimentón dulce, con un poco de pimienta negra y con rodajas de ajo y cebolla (si puede ser, cebolla roja, que es más dulce).
-Se cierran los quesos y se sujetan las dos mitades con palillos, para que no se nos espachurren antes de la hora de comerlos.
-En un tarro grande de cristal se van poniendo pimientillos verdes y rojos (según disponibilidad), quesos, más pimientos, granos de pimienta sin moler, trozos de ajo y rodajas de cebolla. También se pueden añadir un par de hojas de laurel.
-Se rellena el bote con aceite y se deja reposar fuera de la nevera (a menos que haga mucho calor) durante un mínimo de 2 días y un máximo de una semana. Cuánto más tiempo se dejen los quesos en el bote, más macerados y picantes estarán (pero también más blandos).

A pesar de usar sucedáneos del auténtico Hermelín y de la improvisación, el resultado fue todo un éxito y acompañó la mar de bien una cerveza checa que encontré en el supermercado. Es tan fácil de hacer que vale la pena probarlo, sobretodo a los que les guste el queso y el ajo tanto como a mí (y la cerveza, como no).

Buen provecho o, como dirían en checo, ¡dobrou chuť!

nakládaný Hermelín, el acompañamiento cervecero ideal

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