Como el año pasado me perdí el Festival Internacional de Cine de San Francisco por estar ocupada en otros asuntos, este año tenía muchas ganas de ir y acabé viendo media docena de películas muy interesantes (las finanzas no permitieron ver más). Entre que resulta muy difícil en general ver documentales en el cine, y que en Estados Unidos también resulta difícil ver películas que no sean en inglés (incluso en San Francisco), disfruté como una enana después de tanto tiempo sin ir a un festival de cine.
Una de las películas que vi fue Nieve (Snijeg en bosnio), primer largometraje de la directora bosnia Aida Begić que acabó ganando un premio a la mejor directora novel después de haber cosechado otros premios por varios festivales de todo el mundo. La película está ambientada poco después del final de la guerra que desintegró Yugoslavia, en 1997, en un pequeño pueblo medio destruido en el interior de Bosnia en el que los pocos habitantes que quedan siguen sufriendo las consecuencias de la guerra.
Al igual que Grbavica hace un par de años, que también fue la primera película de su directora, Nieve habla del trauma de la guerra a través del desgarre de la pérdida y del peso diario de la ausencia. Y de cómo la auténtica tragedia no es la muerte sino la existencia después de esa, porque sobrevivir está cargado de dolor.
Es una de esas películas en las que lo importante no es lo que pasa, ni lo que se dice, sino lo que se lee en los rostros de los personajes y lo que se capta entre líneas. Sobretodo el rostro de la protagonista, Alma, que habla poco pero dice mucho. Es una película de mujeres que intentan encontrarle un sentido a sus vidas quebradas, luchando por no rendirse ante la desesperación.
Aunque mi acompañante se quejó de que todas las películas bosnias de los últimos 10 años parecen tratar sobre la guerra y expresó su deseo de ver alguna sobre otro tema más alegre, me parece que una de las funciones del arte es terapéutica y que muchas grandes obras de arte han salido del dolor y el sufrimiento. En Bosnia y Herzegovina la guerra causó una fractura tan profunda en la sociedad y unas heridas tan grave, que aún hoy en día sigue siendo una enorme losa en el alma para la mayoría de la gente aunque normalmente no hablen de ello. Películas como Nieve, si bien no traen ninguna revelación, son un pequeño bálsamo para el corazón.
Dice la directora en la web oficial de la película que el título de la película hace referencia no a la nieve que cae para cubrir el monte, sino para que todas las bestias dejen su rastro. De alguna manera sugiere que con las próximas nevadas los rastros de las bestias irán quedando debajo por la nieve fresca, porque por más profundos que sean esos rastros siempre llega una nueva nevada que los cubre. Es decir, por más que mirar hacia el futuro y pensar en otras cosas a parte del sufrimento cueste porque dejar de sufrir parece una traición hacia los muertos, es inevitable ya que el paso del tiempo es inexorable. Me gustaría pensar que ése es el mensaje final de la película, que deja amplio espacio a la interpretación del espectador.
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4 Comments until now
joe, no sabía ni q San Francisco tuviera festival internacional de cine !!
Es tan famoso como el de Sundance, algunos europeos o incluso el de San Sebastián? Por cierto, dónde se celebra el festival? Gracias.
No, ni es tan famoso como el de Sundance ni tan bueno como los europeos, pero no está mal y cuando hay sequía cualquier cosa es refrescante.
Sí películas sobre la guerra son muy importantes, pero uno or dos acerca de… burek o čevapčići sería bueno
Y lo que me parece peor, que haya gente que se deje llevar por estos anuncios tan insultantes a la inteligencia.