Siempre me han hecho gracia todas esas campañas que aparecen como setas cada año antes de Reyes con el subtítulo de “ningún niño sin juguetes”, porque asumen que el tener juguetes es un derecho de todos los niños, y que lo normal es que los niños tengan juguetes. Me encanta la ingenua belleza de esta premisa, porque ya les gustaría a todos los niños del mundo tener no ya juguetes sino juguete, en singular.

Sin embargo, donde la necesidad aprieta, la imaginación suple la falta de recursos. Y así la mayoría de juguetes que he visto por el Congo son de lo más creativo y todos hechos a mano con cualquier material reciclado que han podido encontrar por ahí. Como la pelota de la foto hecha a base de bolsas de plástico y demás basuras encontradas por la calle. O unos rifles hechos a base de cañas de azúcar recortadas, con unas hojas de afeitar usadas que servían de cargador. O simplemente neumáticos viejos con un palo para hacerlos rodar corriendo detrás de ellos.

En los meses que hace que estoy aquí no he visto ni un sólo juguete manufacturado, de los que vemos a montañas en las habitaciones de los niños occidentales, ni que fuera usado. Empresarios jugueteros del mundo, África no es un buen mercado para vosotros. Hacedme caso.

¿ningún niño sin juguetes?

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