Ayer fui a la presentación de la segunda edición de la Guía Michelin para San Francisco y alrededores que levantó mucho revuelo en su primera edición por la poca cantidad de estrellas en general y a ciertas vacas sagradas de la ciudad en particular. Al acto asistió el director de las guías, el seductor Jean-Paul Naret, y por alguna razón incomprensible los publicistas americanos de las guías decidieron invitar también a la autora (Marcia Gagliardi) de un blog gastronómico de San Francisco llamado Table Hopper (algo así como Salta Mesas) para hacerle compañía, cosa que me pareció un poco ridícula. Si bien me alegra la popularidad de los blogs (obviamente) y que sean tomados en serio e incluso equiparados con los medios de comunicación tradicionales, ver al director de las guías gastronómicas más famosas y prestigiosas del mundo sentado al lado de una bloguera local fue como ver al equipo de mi barrio jugar con el Barça.
Pero a lo que iba, la presentación. Aunque Jean-Paul Naret se centró en explicar cómo se realizan las evaluaciones de los restaurantes y no reveló ningún dato sobre las guías que no supiera ya todo el mundo, fue interesante oírle hablar (con su acento y porte de gigoló francés), del duro trabajo de los inspectores. Aunque parezca muy placentero comer en los mejores restaurantes a todas horas, no lo es tanto cuando se tiene que estar atento a cada mínimo detalle y luego rellenar larguísimos formularios de evaluación. Dos veces al día, seis días a la semana.
También me pareció interesante oírle defender a los inspectores de las acusaciones de parcialidad de algunos de los asistentes, ya que muchos de los restaurantes con estrellas son franceses. Él respondió diciendo que ya les gustaría dar más estrellas a restaurantes de otro tipo, pero que simplemente no los han encontrado que se ciñan a sus criterios de calidad. Y yo añadiría que no sé de qué se extrañan ya que los restaurantes franceses abundan mucho por aquí, junto con todo lo francés en general.
Y a pesar de estar presentando la guía de San Francisco, no podía faltar la alusión al restaurante El Bulli ni a Ferran Adrià, el cocinero estrella que está en todas las sopas, que vino a cuento de una pregunta de uno de los asistentes. Me hizo gracia que después de que Naret lo dejara por las nubes, añadió que hay demasiados imitadores que simplemente no son capaces de reproducir técnicamente las cosas maravillosas que hace Adrià, y que los inspectores últimamente se están hartando de poner en sus informes cosas como “este ha pasado demasiado tiempo con Ferran Adrià”.
Finalmente Jean-Paul Naret alabó la gran oferta gastronómica de la zona de San Francisco, y en eso estoy totalmente de acuerdo. Aquí el pasatiempo favorito de la gente es salir a cenar y se nota.

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