En otro post hablaba de las cosas que se pueden hacer en Kinshasa un domingo, pero no hablé de una de las excursiones domingueras más típicas: ir a pasar el día en las mini-cataratas de Lukaya (donde hay un restaurante bastante bueno) y visitando Lola ya bonobo, que en lingala significia paraíso de los bonobos. El bonobo es una de las dos especies de chimpancé que existen (junto con el chimpancé común) y se encuentra tan sólo en el Congo, en la zona al sur del río Congo y al norte del río Kasai (un afluente del Congo). Con un 98% de su ADN idéntico al del Homo sapiens (más que los gorilas), se trata de nuestro pariente más cercano.
Se estima que quedan tan sólo unos pocos miles de bonobos en el país (unos 10.000 como mucho) a causa de la presencia de guerrilleros en los parques que son su hábitat, y la caza con fines alimentarios. El santuario Lola ya bonobo, fundado en 1994 (durante la guerra) por una señora que sintió pena por los animales del zoo de Kinshasa. Hoy en día acoge entre 40 y 50 bonobos rescatados de varios lugares, y ofrece una rara oportunidad de verlos fácilmente a pocos minutos de la capital.
La primera vez que fui a ver a los bonobos fue hace 3 años, en 2005, y éramos un grupo de unos 10 armados con cámaras fotográficas y plátanos. Los bonobos debían estar aburridos y juguetones, así que se pasaron el rato haciéndonos gestos desde detrás de la valla, pidiendo que les estrecháramos la mano, etc. Tuve la sensación de que los observados éramos nosotros, y que los que estaban fuera de la valla y no dentro eran ellos, riéndose a costa nuestra. Mientras un bonobo se comía un plátano, muy consciente de la atención que le estábamos brindando, los demás intentaban captar la atención para que les hiciéramos fotos. En un visto y no visto, la cámara digital de mi amiga Melanie cayó en manos de un bonobo que no sé cómo había pasado el brazo a velocidad del rayo por uno de los pequeñísimos agujeros de la valla. Sobra decir que jamás recuperó su cámara, ya que era de color brillante y el bonobo estaba muy satisfecho con su botín: le sacó la batería, la tarjeta de memoria, estiró el zoom, apretó todos los botones, se la puso delante de la cara imitando nuestros gestos al hacer fotos…. y cuando se cansó mucho rato más tarde la lanzó a una charca.
Sin embargo no son las aficiones cleptómanas de los bonobos lo que les han dado fama, sino su pasión por el sexo de todo tipo como transacción cotidiana y como mecanismo para evitar los conflictos. Vamos, que les encanta pasar el rato tocándose a ellos mismos, unos a otros, lamiéndose, copulando y haciendo guarrerías de todo tipo.
Durante esta visita, como hacía muchísimo calor, no los vi muy activos. Los bonobos que vimos estaban todos tumbados con aire perezoso tomándose una siesta. Dos pequeñines se daban bofetadas el uno al otro sin demasiadas ganas, y una bonoba se limpiaba las uñas de los pies. Los más listos habían conseguido robarse unas botellas de plástico de los visitantes y las rellenaban en una especie de piscina y se echaban el agua por la cabeza. Después se fueron todos a bañarse.
Para los que quieran ver fotos de esta última visita, he colgado algunas aquí. Y para los que quieran fotos más profesionales, la revista Time publicó hace poco un reportaje fotográfico muy bueno sobre los bonobos.
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3 Comments until now
Me he divertido mucho con las travesuras de los bonobos, aunque lo siento por lo de la cámara de tu amiga. Las fotos son estupendas. Vivir allí te tiene que reportar muchas satisfacciones.
Gracias de nuevo Elia,me trae tantos recuerdos,yo estuve allí y en general me gustó sobre todo observarlos ..pero es cierto lo que tu dices parece que son ellos los que te observan!
Todo esta muy interesante, facil de digerir la lectura y escenificar tu relato. Estos bonobos si que a gritos nos dicen que somos familia en especial por su pasion por el sexo jajajaja…
Saludos.