Desde que estoy aquí, aún no he probado ninguna fruta que no me gustara. No solamente porque aquí abundan todo tipo de frutas tropicales que están buenísimas, sino porque la fruta es recogida a mano cuando está madura y por lo tanto cuando llega a tus manos (o a tu boca) está justo en su punto. Nada de recogerla cuando aún está verde para poderla guardar mucho tiempo, nada de cámaras frigoríficas ni industria frutera a gran escala.
Y de entre todas las frutas que he probado aquí (muchas de las cuales no había visto nunca y ni siquiera sé cómo se llaman), seguramente el mango es mi favorita. Tengo que decir que las piñas también están riquísimas (cuando vine a España en Navidades me traje una para la familia y todos los que la probaron no podían creer que fuera la misma fruta que se vende en nuestro país). Y los platanitos de medio palmo, dulcísimos, también.
Pero para mí como el mango no hay nada, casa con todo y a todo le da un sabor especial. Es la fruta perfecta.
La variedad más jugosa, que es también la más dulce, es ideal para hacer zumos, helados, crema o postres de todo tipo (como una mousse buenísima que hicimos un día). También se pueden hacer macedonis de frutas con piña y papaya que son el mejor manjar para desayunar. O mezclarlo troceado en yogur (que desde hace un par de semanas me hago yo misma). Y el mango verde, de carne más dura, es ideal para añadir a carnes y salsas como un pollo al curry, por ejemplo, o dar un toco agridulce a cualquier platos o ensaladas.
Con el mango también se pueden hacer muchas otras cosas, como mermeladas dulces o chutneys picantes, e incluso hacerlos en vinagre o en escabeche (mango pickle). O simplemente se pueden comer solos, a mordiscos o cortaditos en forma de estrella para que tenga más gracia (muy fácil de hacer como podéis ver en la foto).
Quien no lo haya probado ya sabe lo que le toca.

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estuvo rre chido