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Según leo por ahí, la ley es un poco distinta en cada estado aunque todos la tienen de una forma u otra (Nebraska y Alaska tan sólo la adoptaron el año pasado). Las variaciones se refieren sobretodo a la edad máxima del bebé permitida para abandonarlo . En California, por ejemplo, desde el 2005 se pueden abandonar bebés de hasta tienen 30 días, pero anteriormente sólo se podía hacer con bebés de 3 días de edad. Curiosamente, aunque el cartel del lugar de abandono que tomé en mi barrio está escrito en inglés, español y chino, en la web del estado de California la información está sólo en inglés y español.
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La foto de aquí abajo es de Barack de visita por el popularísimo Dolores Park, que tiene una vista espectacular de la San Francisco y que los fines de semana se convierte en una auténtica playa urbana. La serie de fotos completa de la visita de Barack por el barrio de la Misión, de Ryan Roser, puede verse aquí. Y mi serie de posts sobre la Obamanía de estos últimos meses, puede visitarse aquí, así como mi álbum de fotos de carteles y demás muestras de apoyo a Obama vistas por San Francisco.
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Las pistas que me caen más cerca de casa son un auténtico lujo, y no sólo porque como ya he dicho son totalmente gratis y están en perfecto estado, sino porque se encuentran en la cima de la colina de Russian Hill. Para los que no lo sepan, Russian Hill es uno de los barrios más pijos y más bonitos de San Francisco, con las típicas casitas victorianas que hemos visto en tantas películas. Pues bien, en la misma esquina donde la calle Lombard se convierte en un zig-zag que los turistas adoran, delante de una parada de tranvía antiguo, hay un parque elevado donde las pistas de Alice Marble miran majestuasmente a la bahía..
Según me dice la Wikipedia, Alice Marble (1913-1990) fue la primera jugadora de la historia en ganar los abiertos de Estados Unidos y Gran Bretaña (Wimbledon) en el mismo año, tanto en las categorías individuales, dobles y mixtas. Una campeona de verdad, vamos. Y las pistas, tal y como podéis ver aquí abajo, también son de premio. Mientras juegas puedes ver por un lado Alcatraz, y por el otro el puente del Golden Gate. Impresionante.
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Sede de la Iglesia Episcopal de la Bahía de San Francisco, fue acabada de construir en 1964 sobre los fundamentos de una iglesia del mismo nombre que destruida por el terremoto del 1906. Se diseñó a imagen y semejanza de Notre Dame de Paris, aunque si no lo hubiera leído en una guía no sé si me habría dado cuenta. Por si copiar el Gótico francés no fuera bastante, los arquitectos de Grace Cathedral también decidieron copiar al Renacimiento italiano, colocando en la entrada principal una réplica de la famosa Puerta del Paraíso de Lorenzo Ghiberti concebida originalmente para el Baptisterio de Florencia..
Sin embargo, después de mi visita del otro día me di cuenta de que lo más interesante de la catedral no es ni su arquitectura pseudo-majestuosa ni su dorada puerta falsa que para cualquier europeo francamente no justifican su visita. Para mí, lo mejor de la catedral es el laberinto en el suelo de los jardines del recinto. Se trata, de nuevo, de una copia de otro laberinto más famoso que hay en la catedral de Chartres que data del 1205. Aunque hay otro exactamente igual en el interior de la catedral nada más entrar, éste me parece ideal para hacer un poco de ejercicio al aire libre, yoga, meditación o simplemente descansar la mente durante un rato..
Otro elemento insólito de la catedral, que desconocía completamente y que justificaría una visita, es el retablo diseñado por Keith Haring que hay en la capilla interreligiosa dedicada a las víctimas del VIH. Haring, que se hizo famoso en los años 1980s por sus dibujos y murales en las paredes de Nueva York, acabó esta obra inusual en su carrera apenas dos semanas antes de morir en 1990 de sida. Hecho de bronce cubierto de láminas de oro y con un título inequívocamente religioso (La vida de Cristo), es sin lugar a dudas uno de los pocos ejemplos de arte pop que puede encontrarse dentro de una iglesia. Un raro encuentro entre la cultura callejera con el arte religioso.
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Hasta entonces, os dejo con este curioso cartel que se encuentra en una gasolinera de mi barrio. Se trata de una marquesina de esas de letras movibles que para nosotros son típicamente americanas ya que suelen aparecer delante de las iglesias en los reportajes sobre la América profunda, con mensajes del tipo "Jesús te ama" o "quien este libre de pecado que tire la primera piedra". En inglés este tipo de letreros se llaman marquee, que mi diccionario traduce como marquesina. Sin embargo, una búsqueda de imágenes de marquesinas en Sangoogle sólo muestra las estructuras de las paradas de autobús para meter carteles publicitarios..
Sea como fuere, la marquesina de la gasolinera de mi barrio contiene pequeñas perlas de sabiduría que van cambiando cada par de semanas o cuando a su propietario se le ocurre poner una frase nueva. La de la foto, que es de hace varios meses, es del escritor de ciencia ficción polaco Stanisław Lem (autor de la novela Solaris que inspiró sendas adaptaciones cinematográficas). Dice:En una avalancha ningún copo de nieve se siente nunca responsable.Ahora hay otra frase de otro escritor que ahora no recuerdo.


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Sin embargo de vez en cuando empecé a encontrar blogs de viajes más originales, más en profundidad, o más audaces, que me engancharon por su habilidad para transmitir sensaciones lejanas o para realmente ayudar a aprender cosas nuevas sobre tierras conocidas o desconocidas. Uno de ellos fue Blog de Viajes, que empecé a leer por casualidad al haber conocido a su autor en una conferencia sobre periodismo ciudadano. Un blog ya veterano, que pronto va a cumplir los 6 años, es uno de los blogs que más me han ayudado a romper mitos y a aficionarme a los blogs de viajes..
Recientemente descubrí otro blog que también me enganchó, éste en catalán: La volta dels 25 (pero que también tiene una versión en castellano). El blog describe la vuelta al mundo de Marc Serena, un periodista que al cumplir los 25 años decidió ir a conocer otros 25 jóvenes de 25 años por todos los rincones del mundo. Ahora está más o menos a la mitad de su viaje, en Nueva Zelanda, y ha ido grabando las entrevistas para convertirlas un día en un libro. Lo encontré gracias a los premios organizados por Lonely Planet a los blogs de viajes, cuyas nominaciones se anunciaron hace un mes..
Hace unos días vi que Marc escribió en su blog que los premios iban a darse ayer en San Francisco, pero al encontrarse él viajando ofrecía sus entradas a un lector. Yo que siempre me meto donde no me llaman y que me encanta conocer gente, pues enseguida le contesté. Así que ayer asisití a la fiesta de entrega de los premios en un bar de San Francisco rodeada de autores y fans de blogs de viajes (y de un tipo al que veo en todas las fiestas guays de San Francisco, incluso en la cola para conseguir el nuevo iPhone). A pesar de haber tenido que improvisar por motivos técnicos, y una cierta desorganización, la fiesta fue un auténtico cachondeo. Repartieron vasos de chupito con el logo de Lonely Planet llenos de caramelos Jelly Belly, condones también con el logo que decían ¿estás listo para tu próximo encuentro?, cajas de la marca de cervezas que patrocinó la fiesta, etc..
Blog de viajes y La volta dels 25 ganaron sendos premios, pero que al igual que la mayoría del resto de ganadores no pudieron recoger personalmente sino que tuvieron que conformarse con agradecerlos por vídeo. Mis intentos por retransmitir la ceremonia por Twitter fueron un desastre ya que en el sótano del bar donde estábamos no había cobertura telefónica (según parece Marc les dio mi dirección de Twitter a todos los medios catalanes que estaban pendientes de su premio). De todas maneras me lo pasé en grande y me sentí realmente contenta por los premios conseguidos por estos dos blogs de los que soy fan y que en mi opinión se merecían el reconocimiento. Sobretodo me ha ilusionado ver un blog escrito en catalán ganar el premio más importante del mundo en cuestión de viajes. Y media Catalunya compartió esta excitación, ya que hoy Marc ha aparecido en La Vanguardia, l'Avui, Catalunya Ràdio, Vilaweb, La Malla y muchos medios más, y me ha dicho que tiene el buzón de correo a reventar. Y me alegro más de lo que hubiera imaginado..
Y para los que quieran ver algunas fotos más de la fiesta, aquí he puesto media docena.
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Hoy en día las peluquerías suelen estar especializadas en el pelo, y desde esa época (desde los 7 u 8 años) no he vuelto a poner los pies en un salón de belleza, de manicura ni nada que se le pareciese. Y a la peluquería voy una vez al año como mucho, cuando mi madre me ve vamos. Y mejor no hablemos de depilaciones. Siempre me ha parecido que tenía mejores cosas que hacer (escribir este blog, por ejemplo) que dedicarme al culto al cuerpo. A ver, me gusta tener buen aspecto como a todo el mundo, y estoy totalmente a favor de la higiene corporal y el aseo capilar. Pero todo tiene un límite..
En este país de extremos conviven la obsesión con la apariencia física con la obesidad y dejadez estética más inimaginable. En mi barrio, como es un poco pijo, domina el primer grupo y por eso hay una densidad de peluquerías y salones de manicura de casi uno por habitante. Es increíble, en algunos tramos de calle hay uno al lado de otro, casi clones..
Más o menos puedo entender la costumbre de ir mucho a la peluquería, ya que resulta muy difícil cortarse el pelo una misma, pero realmente ¿es necesario hacerse tantas manicuras? Pues parece que sí, ya que a pesar de haber tantísimos, siempre veo todos los salones de manicura llenos. Varias señoras blancas sentadas en hileras de sillones frente a chicas asiáticas, normalmente vietnamitas, que les van masajeando las manos o los pies. Y es que la manicura o pedicura incluye un masajito, que hay mucho estrés suelto oye, y el servicio más popular parece ser el paquete manicura-pedicura. De vez en cuando oigo a alguna amiga, o a una señora en una tienda decir cosas como "adiós, que tengo hora para la manipedi"..
Pero el servicio de salón de belleza que más me tiene fascinada, y que según he oído cada vez está ganando más populariad, es el decoloramiento anal. Aún no lo he visto anunciado en ningún salón del barrio, pero según parece está haciendo furior en sitios como Miami.
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Por eso a todos estos fotógrafos preocupados por evitar que sus fotos circulen me gustaría hablarles de Creative Commons (CC). Se trata de una organización sin ánimo de lucro que ha desarrollado una serie de licencias de derechos de autor que te permiten decidir cómo quieres que los demás puedan utilizar tu trabajo, ya sean artículos, fotos, música, etc. Dada la facilidad con que hoy en día se pueden copiar y reutilizar contenidos digitales, CC facilita esta circulación sobre unas bases de mutua buena voluntad y entendimiento sobre las condiciones del uso y re-uso. Este blog, por ejemplo, tiene una licencia que permite copiar y utilizar mis contenidos libremente pero cumpliendo dos condiciones: que se me atribuyan a mí, y que no sea con fines comerciales..
Cuando empecé a bloguear y a colgar fotos en internet me molestaba que la gente usara mis textos o imágenes en otros sitios sin pedirme permiso. Después me di cuenta de que la única manera de evitar que la gente copie contenidos es sencillamente no ponerlos en internet. Si están disponibles en internet, por más marcas de agua y obstáculos que les pongas a la gente para copiar fotos, lo harán igualmente si tienen la cara dura. Pero rápidamente me di cuenta de que la mayoría de gente que copia contenidos no lo hacen con nocturnidad y alevosía, sino con toda la inocencia del mundo. Por eso al poner explícitamente que no te importa compartir tus contenidos siempre y cuando te den crédito, la mayoría lo hacen sin problemas en señal de agradecimiento. Y de ahí salen toda clase de sorpresas..
Si bien es cierto que internet ha devaluado el trabajo de los fotógrafos, querer resistirse a la proliferación de la fotografía digital es inútil, y querer sobreproteger tus fotografías aún lo es más ya que la competencia es feroz y la atención escasa. Compartiendo se consigue nombre y karma, y eso son dos cosas que al fin y al cabo todo fotógrafo necesita para hacer negocio. Y además, no nos engañemos, la escritura y la fotografía son dos profesiones que se hacen por pasión, y el dinero viene después de mucho esfuerzo..
Los ejemplos de las ventajas de compartir fotos con Creative Commons sobre no compartir son infinitos, pero uno que me gusta especialmente es el que contó Andrew Heavens en una conferencia y luego en su blog Meskel Square. Él es un periodista y fotográfo profesional que ha estado varios años trabajando para Reuters y demás agencias desde Etiopía, donde sacó la foto que ilustra este post, y ahora trabaja en Sudán. Aquí os traduzco del inglés un fragmento de su charla:El tiempo y la distancia me han permitido reflexionar sobre las muchas ventajas de dejar de preocuparse y empezar a disfrutar de los efectos liberadores de Creative Commons..
En lo personal muchas cosas buenas han pasado gracias a que mis fotos descartadas están nadando por internet con una licencia CC. Me ha escrito gente para ver si las podrían utilizar en libros de texto, calendarios, cartas de restaurantes etíopes, tarjetas de felicitación en amárico. (¿Cada cuánto se te presenta la oportunidad de ilustrar una línea de tarjetas de felicitación en amárico?) Algunos de estos contactos me han acabado trayendo trabajos pagados. Algunos me han traído ofertas de comida gratis si alguna vez paso por Nueva York y me apetece dejarme caer en cierto restaurante etíope. Otros no me han traído ningún beneficio económico..
También han pasado muchas cosas buenas más allá de lo personal. Tal como he dicho antes, una de las cosas más frustrantes de la fotografía de prensa es la brevedad de la vida de las fotografías. Te metes en una situación arriesgada para registrar acontecimientos que consideras importantes, de interés periodístico. Las fotografías resultantes aparecen en un abrir y cerrar de ojos en periódicos, pantallas de televisión y Noticias de Yahoo, durante un día como mucho. Y entonces desaparecen..
Lo genial de Creative Commons es que le da a tu trabajo una vida más larga. Después de que el acontecimiento de actualidad haya pasado, las fotografías siguen allí afuera, esperando que alguien se fije en ellas, que les de un nuevo significado y que las utilice en un contexto diferente..
Sin duda alguna esto puede resultar preocupante y despertar temores (imagina si un grupo de odio racial se hubiera fijado en las fotos y las hubiera usado para ilustrar un artículo sobre la violencia de los negros). Pero ponerse a mirar las fotos desde afuera y mirar donde acaban yendo a parar es como mínimo un proceso fascinante.
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Y concluye: si amas a tus fotos, libéralas.
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Mi última aventura culinaria es extremadamente sencilla pero larga y laboriosa. De momento ya he cosechado varias alabanzas y a mí que no soy muy dada a desayunar cosas dulces, me está haciendo cambiar de costumbres durante estos días: se trata de mermelada de naranja casera. Claro que la hice al estilo inglés, que es un tanto amarga, y por lo tanto es la única mermelada que no me resulta empalagosa..
Jamás había intentado hacer ningún tipo de mermelada, pero el fin de semana pasado de visita a la campiña nortecaliforniana vi un campo de naranjos llenos de naranjas maduras que se estaban cayendo y pudriendo en tierra, ya que según parece la temporada de recolección ya pasó. El panorama me dio pena y decidí recoger cuantas naranjas pude haciendo un atadijo con mi jersey. Después no supe qué hacer con tantas naranjas, así que busqué recetas con naranja en la web del canal de televisión Food Network al que me he enganchado cuando voy al gimnasio. Y de allí salió la idea de la mermelada de naranja..
Pues bien, lo único que hace falta para 8 naranjas medianas es agua, azúcar y un limón. Y una hora y media de tiempo como mínimo. Ahí va..
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Se cortan las ocho naranjas a rodajas finas y éstas se cortan en cuatro. Se meten en una olla alta de gran tamaño (como la de la foto) y se les añade la piel de un limón rallada y el zumo del limón en cuestión, además de un litro de agua. Luego se pone la olla a fuego alto hasta que hierva, aproximadamente unos 10 minutos. Cuando hierva se baja el fuego dejando que vaya cociéndose a fuego lento, removiendo a menudo con una espátula, hasta que las naranjas estén blandas (aproximadamente unos 40 minutos)..
Cuando la fruta esté blanda, subir el fuego hasta que el líquido vuelva a hervir. Entonces añadiremos un kilo de azúcar a la olla e iremos removiendo la mezcla sin cesar durante unos 20 minutos o más, hasta que adquiera un color más oscuro y se vuelva más espesa. Para comprobar si espesa, habremos puesto un plato en el congelador una media hora antes, al que echaremos un poquito de la mezcla y lo inclinaremos. Si el líquido resbala lentamente, la mermelada está lista..
Con esta receta obtendremos cuatro botes de aproximadamente 400 gramos cada uno, y si queremos que la mermelada se conserve varios meses tendremos que usar botes especiales para envasar con tapa hermética que tendremos que hacer hervir o meter en el horno para eliminar cualquier tipo de gérmen. Si es para consumo más inmediato pueden usarse botes reciclados con tapa normal..
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Si se quiere la mermelada un poco más amarga, se le puede echar menos azúcar. La receta que yo usé pedía un kilo y cuarto de azúcar y yo lo ajusté a sólo un kilo para que no fuera tan dulce. También se le puede echar un poco menos de agua para que quede más espesa, ya que a mí me quedó muy líquida (aunque deliciosa, eso sí).