Se anuncia que la escasez de blogueo de los últimos días ha sido causado por la organización de la boda de la autora en el tiempo récord de una semana y media, inmediatamente después de la vuelta del Congo. Han sido días de saturación familiar y consumidora, y de tener que oirme varias veces al día regañinas de las dependientas de todas las tiendas por “despertarme tan a última hora”. De nada habría servido contarles que precisamente por estar muy despierta y no gustarme nada la parafernalia de las bodas, quería submergirme lo mínimo en la industria a su alrededor.
Pero finalmente el mal trago ya ha pasado (por agua), con invitados de 9 países distintos incluyendo varias repúblicas ex-yugoslavas y Bulgaria. Y además he aprendido un par de cosas. Por ejemplo, que una boda sencilla es sencillamente (válgame la redundancia) un oxímoron. Y también que no hay que escuchar a nadie durante los preparativos si no se quiere perder la cordura. Y que la gente que más trabajo da es la que después es más tacaña. Y que el gazpacho y el jamón gustan más que el foie y las codornices.
La retransmisión de mi reciente viaje al Congo continuará después de este pequeño paréntesi personal de agobio y felicidad a partes desiguales, en cuanto me recupere un poco del ajetreo.
paréntesi personal

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