Lo confieso. Me encantan las obras en las ciudades (que no el ruido que causan). Y eso que ni tengo más de 60 años ni me interesan los obreros sudorosos con camisetas imperio que trabajan en ellas. Simplemente me gusta la estética de las materias primas que aún no se sabe qué serán, la idea de proyecto en construcción, de que una ciudad es en sí algo inacabado.

Me encanta mirar las pilas de ladrillos, los sacos de cemento, las paredes a medio construir, los andamios, los tablones de madera, los cubos, los botes de pintura, los alambres y las rejas, los tubos de materiales diversos, etc. etc. Y me encanta aún más fotografiar las obras, los objetos sueltos y las materias primas que mañana van a ser algo distinto, parte del paisaje.

También me encantan las pintadas en las paredes, grafittis, dibujos o letras de cualquier tipo. Así que si voy a un sitio lleno de pintadas y de obras al mismo tiempo, como la zona de la calle Fuencarral de Madrid o algunas placetas del Raval de Barcelona, soy la fotógrafa más feliz del mundo.

pasión por las obras

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